El 9, 12, el 13, 17, como si fuera una lotería rodante anunciando de manera repetida, la ruta. “Llegó Ellen”, en el cristal delantero; Sitrapún”, en un medallón en la puerta; CNTU, en grandes letras, y Ruta 12, sin que nadie repare en ello.
“Horacio Diputado” en vistoso letrero morado. Isabel Aguiar, Esquina Caliente, El Café, “Se va eta vaina…, morena juuuye”. Lo que define una voladora es: su descompuesta anatomía, puertas de varios colores, o un pedazo pintado con brocha en vano intento artesanal para igualarse al resto; el característico plástico que reemplaza el vidrio que falta, letreros diversos, el calor, apretujamiento con “sobo” y olores, la identificación de la Ruta por la que pagó una fortuna al “sindicato”, pero más que nada, el emblemático “pícher” con su “cachuchita” y la actitud de “quítate que te llevo”; “quepo por tó lo sitio y no repeto señale ni ná”. “Yo primero y echa pa’llá” y no “cae preso” porque el gremio “lo saca”.
Mención especial tienen los minibuses que, en loca carrera, viajan al interior, “arrasando con tó”, al tiempo que violentan todas las leyes, hasta las naturales.
Cortinitas, vidrios tintados, en ocasiones de verde o azul con franjas doradas y plateadas, que no permiten definir al imberbe conductor con prisas de juventud, jugándose la vida y la de muchos, en la aventura en que se convierte cada viaje.
“El Gran Poder de Dios” dice el letrero frontal; “Laura Massiel”, el otro; “La envidia mortifica”, al lado de un dibujo de un niño orinando y un letrero de FENATRANO acompañando al de Elías Piña.
En su entrada o salida de la Capital, arrollan, empujan, golpean, insultan e irrespetan a todo y todos con su acorazado de tierra con tubos en los 4 costados.
Con típica e indecente bocina sin límites para sonarla, llenando con ruidos su loca trayectoria usualmente plagada del humo contaminante que brota de su trasero, marcando la ruta emocional del decrépito minibús.
El “pícher”, cargador por excelencia de bultos y amarrador de paquetes de increíble destreza, tiene características diferentes a las de su semejante urbano. Los de expresos trabajan menos.
Los pescadores de pasajeros de la ruta se lanzan raudos a “apresar” un pasajero cautivo mientras su bulto secuestrado” ya transita en el interior del vehículo.
Todo vale para conseguir un pasajero.
Los del Sur, en toda su extensión, utilizan cegadoras luces amarillas que derriten la retina del conductor en vía contraria y que utilizan para señalar que viene por la vía ajena, advirtiendo que “te quitas o mueres”.
Los de todo el país tienen la peculiaridad de ir marcando la ruta con vasos plásticos, servilletas, platos de “fom”, cartones de juguitos y cucharitas, tras detenerse en el parador donde le dan comisión.
César Nicolás Penson Paulus es empresario
Esta dirección electrónica esta protegida contra spambots. Es necesario activar Javascript para visualizarla
Comentarios (0)