La Autoridad Metropolitana del Transporte (AMET) nace como dependencia de la Presidencia de la República, en el primer gobierno del Dr. Leonel Fernández, mediante decreto del 10 de septiembre de 1997.
Se instituye “para regular todo lo relativo a las demandas y ofertas del transporte urbano con el fin de reducir su costo social económico y ecológico”.
Su fundador y primer director fue el polifacético Ing. Hamlet Hermann, quien le insufló una mística de trabajo, salarios privilegiados, capacitación, disciplina y una curiosa mezcla de cortesía y rigidez.
Se separó el control del tránsito de la PN, procurando crear un cuerpo élite alejado del desprestigio del clásico policía de simpático, rígido y pesado sombrero de safari inglés. Amet ha tenido 5 directores, 2 civiles y los últimos 3, generales activos de la PN.
Con estructura diferente, con miembros de toda figura y mujeres en el servicio, se perciben distanciados del original agente de uniforme verde de dos tonos con sombrero parecido al del oso “Smokey”, símbolo del sistema de prevención de incendios forestales de los Estados Unidos.
Se agrupan, como los pavos, en esquinas populosas al tiempo que ocurren los diversos incidentes y violaciones, mientras indiferentes se entretienen en las más disímiles actitudes.
Concentran sus mayores esfuerzos a operativos para atrapar motoristas sin documentos, a veces acorralándolos en los elevados, con un curioso sistema de “entaponar” mientras atrapan a los audaces violadores.
Desaparecen con el sol, salvo “servicio especial”, dejando las calles a merced de los desaprensivos, como territorio apache. Muy necesarios, pudieran ser mucho más eficientes con una estrategia apropiada y audaz que contribuya a la fluidez del tránsito y que actúen contra “todo” el que viole la ley.
Son más abundantes en las intersecciones con semáforos y su intervención crea un desbalance e inequidad que el técnico que lo diseñó previó y el agente altera.
Prestos a detener el flujo, al sonido de una sirena de funcionario, pero sordos ante el pito de una ambulancia; ausentes en las intersecciones conflictivas o bajo el influjo de un frecuente apagón; ciegos ante la peligrosa nueva moda de invadir en sentido contrario el carril ajeno o de los conductores y motoristas que “se comen” la luz roja; inexistentes ante los taxistas mercenarios y choferes kamikazes y temerosos ante el poder de los de guaguas y “voladoras”; transparentes frente a los carros públicos y el “No Pasajeros” y la velocidad en exceso.
El “tarifario de multas”, desproporcionado por sus montos, sin agravantes ni atenuantes, sin relación con la gravedad de la infracción y dos niveles únicos: RD$1000 y RD$1667. El tránsito de las ciudades mayores, les queda grande.
César Nicolás Penson Paulus es empresario
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