El juego de azar, en todas sus manifestaciones, constituye un verdadero problema social en buena parte del mundo, con beneficios estimados para el 2010 más allá de los US$200,000 millones.
La suerte como refugio, el dinero fácil, millones instantáneos, basados en el espejismo de la buena vida y “diuna’ve”, a través de la fortuna, impulsados por un bombardeo mercadológico que explota medios y recursos, motivan a más de 4.2 millones de dominicanos a apostar, en una mezcla de riegos y expectativas, provocando emociones que disparan sentimientos, que el juego produce.
Si cierto es que no trasgreden la ley, es de cuestionable moralidad cuando privan a la persona y a la familia de recursos necesarios.
Diferentes profesionales enfocan desde sus ópticas la compleja madeja del juego compulsivo, la economía del juego, la industria de las apuestas, la patología de la adición, que solo se controla pero que no se cura; la actividad como “deporte” pasivo, los patrones socioculturales, y las realidades económicas de la víctima del azar.
Alguien dice que la soledad que el ama de casa cautiva en su hogar impulsa al juego de palé, Lotto Pool, quiniela, ralladito, Fracatán, y las nuevas Loteka y Loto Real, con mil recursos para “jurungarle” los bolsillos a los predispuestos al juego.
“Di’ante” cuando solo se jugaba en domingos, Mon Saviñón era sinónimo de lotería y “Domingo y la lita” eran parte de la actividad de ese día junto al sorteo por la “Vó Dominicana”; cuando la “caraquita” (lotería de Colombia y Venezuela cuya trasmisión de sorteos en las noches marcaba los números ganadores), los juegos clandestinos, las “rifas de aguante” y el billetero era parte del pregón, se jugaba “ata la placa y la picá de ojo”, para significar que el dominicano le juega “a to”.
Muchos fueron presos por violentar la ley de entonces, acusados de “riferos” aunque los banqueros siempre compraron su impunidad. La lotería de Miami, con interés acrecentado por sus premios gordos “en divisa”, se vende en conocidos lugares. Antes y hoy, los “sueños” son revelaciones que indican los números a jugar, y cuando se pierde, fueron “mal interpretados”.
Con matemática propia para restar y sumar eventos, la artesanía criolla del sueño sugiere: pareja de novios da 56; pollo da 2 ó 22; revólver 7; muchacha 15 y si es infante, juega el 3; soñar con río, culebra, mariposa o gusano apunta a 8; escoba o muerto es 9 y si es con caja puede ser 49 ó 94; cama da 4 y 2 huevos o neumáticos significa 100; mujer en espejo da 64 ó 46 y si es baño corresponde 06 ó 60.
¿En qué termina tu cédula?, mientras discurre el concurso de la cadena de tiendas X, sin regulación ni control, aumentando el miedo al fraude y las jugadas arregladas aunque haya 100 notarios “de los del número del Distrito”.
César Nicolás Penson Paulus es empresario
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