Ayer, domingo último de julio, celebramos el Día de los Padres, como el único país que dedica ese día al progenitor masculino. Esta conmemoración se realiza en diferentes fechas; en el ambiente católico en muchos lugares se escoge el 19 de marzo, día de San José. El día más utilizado es el 3er domingo de junio y abril en el único mes en que no hay celebración.
El excelso es Padre. Se refiere al sacerdote en la jerarquía Católica; el Papa es “Santo Padre”. Hay países donde: “está padrísimo”, es lo máximo. Papá, papi, papito, pa, el coloquial “mi viejo”, expresiones cariñosas para el que engendró o sencillamente ocupó el papel de tal en la escala afectiva. Mateo y Lucas, los evangelistas, nos trasmiten el Padre Nuestro, oración íntima y sencilla, enseñada por Jesús, para facilitar la comunicación con El Padre Eterno.
Al padre que, además del aporte genético, la figura y el genio, es escudo, protector, guía, suplidor de amores y recursos, maestro con ejemplos, corrector y educador temprano en la palabra y la acción, sacrificado, referente y “supermán” que todo lo puede.
Dichosos los que lo conservan hasta la vejez profunda y comparten su retorno a la infancia. También aquellos que alcanzan la edad de “su viejo”, para ponerse sus sandalias cronológicas y mirar al mundo con su óptica.
Al de los recuerdos infantiles y adolescentes rebeldías, cuyas rigideces se convirtieron en “enderezadores” de futuro; al que se atrevió a disciplinar, con más dolor propio que el ocasionado con sus “pelas” correctoras; al que transmite la cultura no escrita que matiza nuestra dominicanidad, con lenguaje propio, con pasatiempos infantiles bajo su supervisión y guía, con el amor contagiado a los abuelos no conocidos, conectándonos con el pasado remoto, hasta donde su memoria alcanzaba. Al que con su amor conyugal trazó rutas del nuestro; al que es padre por derecho, ganado con el amor hacia hijos que serán progenitores, en la eterna rueda de la vida.
A los abuelos, que son doblemente padres; al que, con su inmenso amor, cargó nuestro diminuto cuerpo; al que con actos propios nos llenó de principios de vida; al referente de la libertad de mente y espíritu; al que con sus frases, moldeó nuestra personalidad y carácter; al que proporcionó aventuras en nuestro papel de “asistentes” en sus espacios de ocio; al que mantiene el respeto en la adolescencia del hijo, en su complicada ruta hacia la adultez; al amigo y cómplice secreto que nos inició en la vida; al que sin nudos biológicos cultiva el amor como padre ejemplar; al que es padre y madre; al que el contrato civil amarra como suegro y se transforma en padre verdadero; al que siempre está presente aunque se haya ido.
Felicidades padres.
César Nicolás Penson Paulus es empresario
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