En marzo alerté sobre la necesidad de llegar a un entendimiento con el FMI dentro de la quinta y sexta revisión para cuadrar las cuentas externas y así poder mantener la estabilidad macroeconómica.
En esa ocasión escribí un artículo que titulé “URGE ENTENDIMIENTO CON EL FMI”. Sin embargo, me equivoqué al pensar que el Gobierno haría el ajuste necesario, a través de una reducción de gasto público.
Aunque existen factores adversos, los desequilibrios externo y fiscal, se deben en gran parte al comportamiento del Gobierno y también a la actitud que asumió el FMI en el año 2009 cuando su principal objetivo era activar la economía mundial.
A fines de ese año el gobierno y el FMI llegaron a un acuerdo que le permitía al primero aumentar excesivamente el gasto público en el 2010, aunque para ello tuviese que tomar prestado 116,000 millones de pesos. Por estar en desacuerdo con los lineamientos de ese acuerdo, escribí un artículo que titulé: “CONSUMAN, LUEGO VEREMOS”.
Ese acuerdo le brindó al Gobierno la oportunidad de aumentar desorbitadamente el gasto, lo cual hizo sin mesura porque en ese año 2010 tuvimos las elecciones congresionales y municipales y el Gobierno quería dar la impresión de que todo estaba bien.
Para que se tenga una idea de la magnitud en que aumentó el gasto público, basta observar que en el primer trimestre de ese año las inversiones aumentaron en un 150%, cifra totalmente excesiva.
Consternado por esta situación escribí un artículo que titulé: “DESENFRENO QUE PAGAREMOS TODOS”, donde advertía que a ese ritmo de gasto se podía perder la estabilidad macroeconómica.
Incluso, movido por un presagio de lo que nos esperaba, escribí otro artículo que titulé: “QUIÉN PAGARÁ LA CENA”, pues era obvio que ese desbordamiento del gasto público tendría eventualmente repercusiones negativas sobre la población.
Para justificar el nuevo paquete fiscal, el Gobierno nos dice que sus ingresos se han caído y que no alcanzan para cubrir las necesidades más apremiantes. Ambos planteamientos requieren algún análisis.
En el primer trimestre del presente año, los ingresos tributarios del Gobierno aumentaron en un 9.4% sobre los niveles de igual período del año pasado, lo que constituye una cifra nada despreciable si tomamos en consideración que la inflación fue de un 7.6%. Pero más importante aún es observar que en este primer trimestre del 2011, las inversiones públicas fueron un 16.1% por encima de las que se registraron en el primer trimestre del año pasado, cuando las mismas habían experimentado un aumento desmesurado.
O sea, que el problema no está en una reducción de las recaudaciones, sino más bien en un gasto público excesivo. Si el Gobierno persiste en seguir aumentando el gasto, no será necesario recurrir al Oráculo de Delfos para saber lo que nos espera.
Carlos Despradel es economista
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