Los políticos son unos vendedores de esperanza, me decía el Dr. Bolívar Báez Ortiz. Yo agrego, “especialmente para los más necesitados”.
En efecto, los gobiernos vienen y se van, y sin embargo no han podido resolver e incluso mitigar los niveles de pobreza en que vive una considerable parte del pueblo dominicano.
Así vemos como nuevamente se han vuelto a posponer las legítimas esperanzas de nuestro pueblo hasta un próximo gobierno, pues ya a la presente administración se le ha hecho tarde.
Si bien en este gobierno se han alcanzado algunos logros importantes, es poco lo que se ha hecho para sentar las bases que permitan la transformación que urgentemente requiere la sociedad dominicana. Aunque la preservación de la estabilidad macroeconómica ha sido el punto más luminoso, sin embargo la misma no ha sido aprovechada para alcanzar conquistas sociales esenciales.
Por tanto, al pueblo sólo le resta la esperanza de que el próximo gobierno, gane quien gane, haga las transformaciones que requiere nuestra sociedad.
Esto demuestra que la tarea no es fácil y también evidencia que no basta que un gobierno lo haga mejor que el anterior, pues esto no nos ha llevado a ninguna parte en los 167 años de vida independiente que tenemos, especialmente para aquellos que siguen viviendo en la extrema pobreza, a pesar de los avances logrados por la humanidad en ese largo período de tiempo.
Por lo tanto, el próximo gobierno, sea de cualquiera de los partidos mayoritarios del país, tendrá que aplicar una política esencialmente diferente a las que tradicionalmente se han adoptado.
Si analizamos cuáles han sido los elementos esenciales que han permitido a numerosas naciones del globo poder superar en determinada etapa de su existencia el problema de la pobreza generalizada, nos podremos dar cuenta que la educación y el ahorro han sido los elementos esenciales. Lamentablemente la sociedad dominicana adolece de ambas virtudes en grado extremo.
Además, si hasta el momento esta ha sido la realidad histórica, podemos estar seguros que de aquí en lo adelante, la educación se irá constituyendo cada vez más en la clave del desarrollo económico y social de los pueblos, pues ya estamos sumergidos en la era del conocimiento y la globalización, la cual se caracteriza por una dura competencia entre las naciones para lograr el mayor bienestar posible para sus ciudadanos.
Si esta es una realidad incuestionable, el próximo gobierno y los que le sucedan, no tendrán otra alternativa que dedicarse a fondo al tema de la educación y consecuentemente, dedicar los recursos que sean necesarios para permitir a todos los dominicanos que puedan salir del subdesarrollo cultural y científico en que se encuentran.
Cualquier otra política que apliquen, tan sólo podrá aspirar a ser algo más de lo mismo.
Carlos Despradel es economista
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