La República Dominicana es, después de los Estados Unidos, el principal suplidor de mercancías del mercado haitiano. Asimismo, Haití constituye un importante mercado para las exportaciones dominicanas. Sin embargo, se estima que entre un 40-60% de este comercio se realiza informalmente, sin registro estadístico.
Ese gran movimiento de productos se lleva a cabo básicamente en los llamados mercados binacionales, de los cuales existen unos 12 mercados, aunque los más importantes son los de Dajabón, Elías Piña y Jimaní.
Si observamos uno de los más grandes, el de Dajabón, se puede advertir que se trata de un mercado totalmente anárquico, el cual tiene como escenario las calles y aceras de esta ciudad, las que los días de operaciones son totalmente ocupadas por miles de haitianos que cruzan libremente la frontera para participar en el mismo.
Las operaciones se hacen al aire libre, no hay ordenamiento, existe una suciedad y hacinamiento generalizado, sin ninguna sanidad ni higiene, pues, entre otras cosas, no hay instalaciones sanitarias y la mayoría de las necesidades fisiológicas se hacen al intemperie.
Esto no puede seguir así, pues se trata de una actividad económica sumamente importante para ambos países. Por lo tanto es urgente que estos mercados se organicen y ordenen a la mayor brevedad. Para estos fines sugerimos la siguiente idea. Se debe construir en la parte dominicana un parque similar a los de las zonas francas, el cual estaría rodeado de una verja de seguridad.
Este perímetro tendría dos vías de acceso. Una por el lado de la frontera con Haití, la cual sería utilizada por los nacionales haitianos y serviría de entrada y salida de personas y mercancías, sin ninguna restricción de nuestra parte. La otra vía de acceso estaría en el lado opuesto y sería por donde entrarían y saldrían los nacionales dominicanos y sus mercancías. En esta última estarían localizadas las oficinas de aduana, emigración, controles fitosanitarios y cualquier otra que sea necesaria.
Dentro de esta área controlada, se deberían construir previamente todas las instalaciones necesarias para facilitar el intercambio de mercancías, incluyendo desde estacionamiento de camiones, hasta mesas para exhibir las mercancías.
Una vez termine el horario del mercado, todas las personas deben abandonar el área. Los dominicanos volverían a su territorio y los haitianos al suyo. Pero estos movimientos estarían debidamente controlados por ambos gobiernos en las respectivas vías de acceso.
Así se garantizaría que ningún nacional haitiano que viene a vender o comprar, se quede en la República Dominicana en forma ilegal.
Además se podría tener un mínimo control de las operaciones realizadas y al mismo tiempo se evitaría que nuestras ciudades fronterizas se conviertan en territorio de nadie, pues esto es extremadamente peligroso para nuestra soberanía.
Carlos Despradel es economista
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