Se acrecienta el pesimismo en la población sobre nuestro futuro, lo que es sumamente preocupante pues sólo los optimistas logran alcanzar las metas deseadas. Lamentablemente, esta creciente frustración tiene sus fundamentos.
Padecemos un alto nivel de desempleo, pero los pocos nuevos empleos que se crean es en el sector informal que poco contribuye al desarrollo futuro.
Firmamos acuerdos de libre comercio, pero a los pocos años tenemos grandes déficits comerciales bilaterales, erosionando así nuestra capacidad productiva. Hemos desarrollado empresas con tecnología de punta, pero no pueden competir por factores fuera de su control.
El turismo es nuestro principal sector productivo, pero poco hacemos para evitar la arrabalización de los principales polos, lo que atenta contra su futuro.
Desarrollamos impresionantes parques industriales de exportación bajo el esquema de zonas francas, pero por falta de una visión de futuro se nos están derrumbando rápidamente. Tenemos grandes ingresos por remesas, pero esto sólo evidencia la incapacidad de nuestra economía para ofrecer fuentes de trabajo.
Contamos con un clima favorable, agua abundante y envidiable posición geográfica, pero nuestra agricultura depende cada día más de una mano de obra extranjera que atenta contra nuestra nacionalidad.
Hemos construido grandes y modernos centros hospitalarios con excelentes médicos, pero el personal de apoyo es deficiente y los recursos financieros insuficientes. La ciudad capital crece y se moderniza, pero frente a las más lujosas tiendas, ambulan un número creciente de limosneros que subsisten en la extrema pobreza, creando así una contradicción explosiva.
Los gobiernos se concentran en hacer grandes autopistas y modernas carreteras, pero los accidentes aumentan porque nadie se ha preocupado de educar al conductor sobre las reglas elementales de tránsito.
Existe un parque energético, pero el servicio eléctrico es caro y deficiente.
Tenemos más de 30,000 policías activos, pero la población no les tiene confianza y la inseguridad ciudadana está haciendo crisis. Construimos esplendorosos edificios gubernamentales, pero en su interior abundan personas que en nada contribuyen a la eficiencia del sector público.
Nos vanagloriamos de tener modernos parques cibernéticos de alta tecnología, pero en las escuelas públicas no hay suficientes pupitres para sentarse. Nos jactamos de tener una sólida democracia, pero la población no está satisfecha con la clase política.
El país cuenta con un moderno marco legal, pero los gobiernos no cumplen muchas de las leyes. Tenemos una extensa legislación y varios organismos para prevenir la corrupción, pero los escándalos aumentan a diario.
En fin, hemos hecho esfuerzos para progresar en varios frentes, pero la realidad es que no contamos con el respaldo necesario para sostener los avances logrados.
Por eso debemos volver a empezar, pues las deficiencias que se han ido acumulando entorpecerán cualquier posibilidad de un desarrollo sostenido.
Carlos Despradel es economista
Comentarios (3)