Los líderes mundiales enfrentan un difícil dilema, en estos momentos que la economía internacional apenas se están recuperando de la crisis que padeció durante los años 2008 y 2009.
Esta crisis tuvo su origen en largos años de gastos de los consumidores por encima del crecimiento potencial de la economía, lo que se pudo sustentar debido a la llamada burbuja hipotecaria.
Cuando esta burbuja se desinfló en los Estados Unidos, debido a que muchos clientes no pudieron pagar sus préstamos, el precio de las viviendas comenzó a disminuir, lo que creó una crisis de pago.
Como consecuencia de ello, los bancos comenzaron a endurecer sus créditos y disminuyó por tanto, la liquidez monetaria. Consecuentemente bajó el consumo, lo que provocó una necesaria baja de la producción, especialmente la industrial.
Esta baja de la producción afectó el empleo y también las ganancias de las empresas, las que vieron bajar estrepitosamente el precio de sus acciones en las bolsas de valores.
Esta baja en el precio de las acciones provocó grandes pérdidas financieras a los inversionistas, creándose así una grave crisis financiera y económica que afectó a todo el mundo.
Para salir de la crisis, los gobiernos de las economías industrializadas decidieron emitir enormes sumas de dinero que se ofrecieron al público y a las empresas con el propósito de estimular la demanda global y con ello salir de la recesión.
Ahora bien, estos estímulos contribuyeron, a su vez, a que se agravaran los ya altos déficits fiscales de varios países los cuales tuvieron que ser cubiertos con préstamos, creándose así grandes aumentos de las deudas públicas de numerosas naciones.
La economía mundial ha comenzado a activarse como consecuencia de los grandes estímulos fiscales ofrecidos por diferentes gobiernos. Pero amenaza con surgir una nueva crisis provocada por el alto endeudamiento público de algunas naciones desarrolladas, consecuencia de los enormes déficit fiscales que experimentan.
Así ha surgido una crisis de deuda soberana que se inició en Grecia y amenaza con extenderse a varios países europeos altamente endeudados. Para superar esta crisis, varios gobiernos y algunas instituciones internacionales han salido al rescate de esas economías, pero a condición de que apliquen programas de ajustes económicos para reducir el déficit fiscal.
Estos programas de ajuste reducirán el gasto público y también el ingreso de los habitantes de esos países, lo que hará reducir la demanda que tanto se necesita para seguir estimulando la economía mundial. Un dilema. Si aplican medidas de ajuste frenan las economías, pero si no lo hacen agudizan el problema de la deuda externa. Este enredo se inició por un gasto excesivo por encima del potencial real de la economía. ¿Entiendes?
Carlos Despradel es economista
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