Desde hace una década, 16 países de la Unión Europea tienen una moneda común de libre circulación: el euro. La existencia de esta moneda común ha tenido aspectos positivos, pero también profundas implicaciones, las cuales se han comenzado a manifestar recientemente.
El principal inconveniente es que las naciones que integran la Eurozona tienen economías sumamente dispares.
Por un lado tenemos países como Alemania, Francia, Finlandia, Holanda y otros, los cuales tienen altos niveles de productividad y consecuentemente sus economías son muy competitivas. Por otra parte tenemos naciones como Grecia, Portugal, España e incluso todo el sur de Italia, donde la productividad de la mano de obra es mucho más baja, por razones históricas.
En consecuencia, el primer grupo está en mejor capacidad para competir dentro y fuera de la Unión Europea y por tanto han acumulado grandes superávit en sus relaciones comerciales. Así vemos cómo Alemania tuvo en el 2009 un superávit en cuenta corriente de un 4.8% del PIB, Holanda un 5.2%, Finlandia un 1.4% y Austria un 1.4%. Por el contrario, los menos competitivos tuvieron grandes déficits externos como es el caso de Grecia con un 11.2%, Portugal un 10.1%, España un 5.1% e Italia un 3.4%.
Esto equivale a decir, que estos últimos países decidieron activar sus economías no a base de un aumento de la productividad, sino mediante altos déficits públicos, los que a su vez se financiaron con recursos externos. Así, han tenido que endeudarse todos los años para poder mantener un estándar de vida superior al que corresponde a su nivel de productividad.
Consecuentemente, esos países han acumulado enormes deudas, como es el caso extremo de Grecia la cual ha llegado a representar 124% del PIB, creando así, gran desconfianza en los mercados crediticios internacionales. Por esta razón, Alemania, Francia y otros países de la zona euro no han tenido otra alternativa que salir al rescate de estas economías deficitarias, para poder defender su propia moneda común y la fortaleza de su sistema bancario.
Esos cuantiosos rescates financieros sólo van a paliar el problema inmediato, pues como esas naciones deficitarias no pueden devaluar, la única solución que tienen a mediano y largo plazo es ajustando el gasto público para poder disminuir el déficit. Pero para ello tendrán que sacrificar el estándar de vida que han disfrutado. Ya estamos viendo algunos ajustes de esas economías, pero son muchos más los que faltan. Mirémonos en ese espejo.
Carlos Despradel es economista
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