El Gobierno tiene algunos funcionarios muy eficaces que están cargando con su prestigio a muchos otros funcionarios incapaces o insaciables.
Uno de ellos es el director de la DGII, Juan Hernández. Tan eficiente ha sido este funcionario que en su gestión, los ingresos tributarios se han triplicado.
De esta forma, algunos dominicanos ya están pagando impuestos igual a los que pagan sus semejantes en naciones desarrolladas. Esto no está mal, pues para que un Estado pueda cumplir con sus funciones debe contar con suficientes recursos presupuestarios.
Sin embargo, muchas veces la eficiencia de Hernández y su equipo no es bien recibida por numerosos contribuyentes, los cuales sólo de oír su nombre se ponen coléricos.
La percepción que tenemos es que en la mayoría de los casos, este rechazo no se debe a los impuestos que pagan, sino a cómo el Gobierno derrocha estos recursos.
La imagen generalizada que se tiene es que nuestro Gobierno es un despilfarrador de los recursos públicos. Y no nos estamos refiriendo sólo a los múltiples casos de corrupción que se cometen a diario, ni a la abultada nómina pública que nos agobia, sino también a la actitud que tienen
muchos funcionarios hacia la dilapidación del erario.
Los ejemplos sobran: delegaciones oficiales numerosamente vergonzantes. Pasajes sólo en primera clase. Yipetas lujosas por miles. Los más caros restaurantes. Exquisitos vinos. Dietas exorbitantes. Compra de periodistas para publicidad personal. Barrilitos bochornosos. Publicidad excesiva e injustificable. Dadivosos obsequios improcedentes, etc.
Ha llegado el momento de crear la DGGP (Dirección General de Gasto Público) y poner a Juan Hernández y a su equipo para dirigirla, a condición de que controle el gasto con la misma eficiencia con que cobra los impuestos.
El Gobierno tiene urgentemente que cambiar su exasperante imagen de gastador empedernido. Sólo un ejemplo para terminar. De regreso del Cibao un amigo y yo nos detuvimos en el Típico Bonao para almorzar. Ambos nos comimos un sándwich con una cerveza light.
En la mesa contigua almorzaba un grupo de empleados públicos. Todos pidieron camarones o filete, acompañados de limonada frapé y agua Perrier. Comieron generosas entradas y suculentos postres.
Mi amigo y yo pensamos que el importe de la cuenta se cubrió con impuestos que nosotros pagamos y nos sentimos atracados. Así no se vale. El Gobierno debe cambiar su conducta. Tiene que controlar el gasto para que los dominicanos seamos contribuyentes conformes.
Carlo Despradel es economista
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