Nuestra economía tradicionalmente ha estado condicionada por el dilema entre la estabilidad y el crecimiento.
Durante la crisis mundial del 2008 y parte del 2009 el Banco Central se inclinó, correctamente, por resguardar la estabilidad cambiaria, contrayendo el circulante a través de numerosos instrumentos monetarios. Sin embargo a mediados del 2009 modificó su política motivado, en parte, por los extraordinarios ingresos de divisas que iba a proporcionar el nuevo acuerdo con el FMI.
Estos masivos ingresos de divisas provenientes de varias instituciones internacionales produjeron un aumento de las reservas internacionales de casi 800 millones de dólares en apenas dos meses, lo que a su vez ha permitido activar la demanda interna y con ello toda la economía.
Sin embargo, en la medida que la economía se reactiva y los ingresos normales de divisas no responden con el dinamismo esperado, el Banco Central ha ido perdiendo parte de las reservas que acumuló en noviembre y diciembre.
En efecto, durante los primeros dos meses del presente año, se han perdido más de 400 millones de dólares, colocando así las reservas en los niveles que había alcanzado en los últimos meses del 2007, es decir, antes de la crisis internacional.
Esto nos lleva a la situación actual la cual se caracteriza por tener iguales niveles de reservas internacionales que hace dos años, pero con mucho más poder de compra por parte de la población. Por ejemplo, el medio circulante es ahora un 25.7% mayor que los niveles prevalecientes en el 2007.
Esto quiere decir que de seguro habrá mayor demanda interna que hace dos años pero sólo contaremos el mismo nivel de reservas internacionales para sustentarla. Por tratarse de un año electoral, el Gobierno está desesperado buscando préstamos externos, para poder mantener una economía activa sin crear desequilibrios en la tasa de cambio y consecuentemente en los precios internos.
Así nos encontramos nuevamente en el dilema de a qué apostamos, si a la estabilidad o al crecimiento, donde la única salida para poder conseguir ambos es a través del endeudamiento externo.
Pero lamentablemente la relación entre la deuda externa y el nivel de reservas internacionales es ahora mucho mayor que hace dos años y por tanto el Gobierno debe manejarse con suma prudencia, para no intranquilizar a la población.
Esta situación es la que subyace en la discusión sobre una nueva emisión de bonos soberanos de 1,000 millones de dólares.
Carlos Despradel es economista
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