El primero se refiere a la decisión de Milagros Ortiz Bosch de aceptar la candidatura a la senaduría por el Distrito Nacional.
Aunque he desempeñado altos cargos públicos, es bien sabido que no acostumbro a inmiscuirme en asuntos electorales.
Sin embargo, en esta ocasión especial quiero hacer una excepción, porque se trata de una persona que merece un profundo respeto por la pulcritud con que ha desempeñado importantes cargos públicos durante su larga trayectoria política.
En efecto, considero que Milagros Ortiz Bosch es una de las figuras públicas más decentes que ha tenido nuestro país en las últimas décadas.
Milagros ha sido honesta, capaz, trabajadora, transparente y en toda ocasión ha obrado con la compostura y la dignidad que le han exigido los distintos cargos que ha desempeñado.
Ahora que esa distinguida dama se encuentra en el ocaso de su vida política, los habitantes del Distrito Nacional no le pueden negar su voto.
No le pueden negar la oportunidad de podernos servir nuevamente en el congreso nacional.
El pueblo está reclamando mayor decencia a los políticos nacionales. Esta es una excelente oportunidad para ser consecuentes con este reclamo.
Con esto no estoy restando mérito a los otros candidatos, especialmente al del partido oficial. Pero considero que esta última persona puede tener otras honrosas opciones dentro de la administración pública que le permitan proseguir su exitosa carrera política.
El otro tema al cual quisiera referirme es el de la compra de la refinería de petróleo.
Debo confesar que en un inicio tenía mucha simpatía por la figura de Hugo Chávez, por numerosas razones que no vienen al caso enumerar, pero a medida que han ido pasando los años, este estadista ha procedido de tal forma, que hace impredecible saber cuáles serán sus próximas actuaciones.
En consecuencia, aunque debemos estar agradecidos por el trato que nos ha dado el gobierno que él dirige en lo que respecta al suministro del petróleo, considero que en las actuales circunstancias al Estado dominicano le resulta más conveniente tener otro tipo de socio, preferiblemente nacional.
En cuanto a la polémica de si la compra de la refinería estaba contemplada en el presupuesto nacional para este año, no hay duda de que lo estaba.
Sin embargo, no veo que esto constituya un problema grave para el gobierno, aunque oportunamente se tendrán que hacer los ajustes de lugar, para adecuar el presupuesto a la nueva realidad.
Carlos Despradel es economista
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