El logro más significativo de esta administración ha sido poder mantener la estabilidad macroeconómica durante los últimos años, pues en otros aspectos los resultados no han sido satisfactorios, como lo señalan varios organismos internacionales.
Para poder mantener la estabilidad, el Banco Central ha tenido que ser muy cauteloso en el control de la emisión monetaria y el circulante, pues es bien sabido que cualquier exceso en estas variables fomenta las importaciones, hace insostenible el déficit externo y con ello el valor de la moneda.
Esta no ha sido una tarea fácil, debido a las secuelas que dejó la crisis bancaria del 2003, la cual obligó al Banco Central a tener que emitir valores, para con ello recoger y retirar de circulación una buena parte de las cuantiosas emisiones que tuvo que hacer para rescatar a los depositantes.
Cuando la presente administración llegó al poder, los valores emitidos por el Banco Central ascendían a unos 89,000 millones de pesos, los cuales tenían un alto costo en términos del pago de los intereses, lo que a su vez presionaba la emisión monetaria del Banco.
Para solucionar este grave problema, dicha institución decidió seguir colocando nuevos valores para así poder sacar de circulación los pesos que tenía que emitir por concepto del pago de los intereses que devengaban los propios valores ya emitidos.
Así ha llegado a acumular alrededor de unos 200,000 millones en valores en circulación, lo que constituye una de las mayores amenazas que enfrenta la estabilidad y por tanto el sosiego de la población.
Sin embargo, la Ley de Capitalización del Banco Central ha traído una aparente tranquilidad ya que el gobierno se comprometió a entregar anualmente a dicha institución una cantidad de dinero que le permitiera no tener que seguir emitiendo nuevos valores y eventualmente reducirlos.
No obstante, desde que se promulgó dicha ley, el Gobierno ha incumplido con la entrega de los recursos que dispone la misma y además parece que en el presupuesto del 2010 tampoco se consignaron los fondos necesarios para cumplir con estas obligaciones.
Con este comportamiento, el Gobierno está jugando con la estabilidad macroeconómica y ha dejado nuevamente sobre los hombros exclusivos del Banco Central el mantenimiento de este importante logro.
Por lo tanto, el Gobierno no puede seguir siendo indiferente a este problema que constituye la única garantía de que se podrá mantener la estabilidad en los años venideros.
Carlos Despradel es economista
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