La crisis mundial que padecemos se debió a que por mucho tiempo las instituciones financieras concedieron facilidades crediticias sin límites a los norteamericanos para que consumieran.
Cuando los prestatarios no pudieron pagar sus deudas, se paralizó el crédito, también el consumo y se creó una crisis que estuvo a punto de producir una quiebra generalizada del sector financiero, la cual sólo pudo ser evitada porque el gobierno decidió inyectar sumas fabulosas de dinero que vinieron en rescate de dichas instituciones.
A pesar de estas enormes inyecciones de dinero, la economía mundial no se ha podido recuperar en el grado deseado.
Por esta razón, las grandes potencias han considerado que es necesario que se le inyecte liquidez a las naciones en vías de desarrollo, para que ellas también contribuyan al aumento del consumo y a la recuperación de la economía mundial.
Para estos fines, acordaron que las instituciones crediticias internacionales concedieran cuantiosos recursos financieros a nuestros países para que reactiven sus economías y para que sus habitantes puedan aumentar el consumo de productos importados de las economías desarrolladas.
En el 2003, el FMI dijo que la República Dominicana estaba sobreendeudada y que por tanto tenía que someterse a un riguroso programa de ajuste.
Hoy la deuda pública es más del doble que la del 2003 y sin embargo el FMI y otras instituciones internacionales consideran que el nivel de la misma es bajo y que por tanto podemos seguir tomando prestado.
Por esta razón, el reciente acuerdo firmado con el FMI en lugar de incluir medidas de ajuste, por el contrario, se diseñó para que el Gobierno aumente el gasto a través de un mayor endeudamiento, lo que daría mayor capacidad de consumo de bienes importados a la población.
Así vemos que en el presupuesto nacional para el 2010, se ha consignado que el Gobierno tomará prestado alrededor de RD$116,000 millones de pesos para poder cubrir sus abultados gastos.
En esta ocasión, al FMI no le importa, pues la consigna es: consuman ahora que luego veremos. La América Latina tiene una mala experiencia con esta receta.
Recordemos la crisis de la deuda del 1980 y la llamada década perdida. Por lo tanto, no podemos tomar prestado todo lo que nos ofrezcan, pues esto creará graves problemas en años venideros cuando tengamos que pagar esa deuda.
La prudencia se impone, aunque el 2010 sea un año electoral.
Carlos Despradel es economista
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Comentarios (1)
abrazo