Recientemente se ha venido argumentado que algunos de nuestros partidos políticos se han apartado de los fundamentos ideológicos que le dieron sustentación.
Personalmente considero que encasillar a un partido dentro de determinada corriente ideológica, no es lo relevante. Lo verdaderamente importante es si un partido cuando le ha correspondido gobernar, sus funcionarios lo han hecho con decencia, es decir, con honestidad, modestia y moderación. Si han obrado con la compostura y dignidad acorde con la alta investidura que le ha conferido el pueblo. Esto es lo importante.
La decencia comprende todo lo que se necesita para sustentar un buen gobierno, pues se supone que en un gobierno decente, todos los funcionarios se comportan con absoluta honestidad, es decir, que se han resistido a emplear o recomendar a parientes o relacionados en cargos públicos, que no han buscado contratas del Gobierno para ellos o sus allegados, que no se han asociado con alguna empresa o persona para vender bienes o servicios al Estado.
Tampoco se han aprovechado del cargo para favorecer a empresas o personas a quienes posteriormente le pudieran sacar algún provecho, y no han utilizado los recursos públicos para servicios personales o de su familia. Pero la decencia va más allá.
Un gobierno decente es aquel donde los funcionarios se comportan con modestia, lo que equivale a decir que actúan con humildad, así como con falta de engreimiento o de vanidad.
El funcionario decente es también aquel que procede con cordura, sensatez, así como con templaza en las palabras y las acciones.
Estamos en la plena seguridad que lo que más reclaman los pueblos y lo que mejor aprecian de sus gobernantes es que actúen con decencia, no importa si se consideran de izquierda, centro izquierda, derecha, centro derecha o de cualquier otra supuesta tendencia ideológica que muchas veces no son más que palabras huecas para confundir al electorado.
Tampoco le interesa si es social demócrata, social cristiano, de la internacional socialista, del comunismo internacional o de lo que sea.
Lo que los pueblos quieren es que sean decentes. Por supuesto, que también sean capaces y esta última condición no tiene nada que ver con presuntas posiciones ideológicas.
El día que tengamos un gobierno constituido totalmente por funcionarios decentes, el partido que lo sustente se mantendrá indefinidamente en el poder, pues contará con el reconocimiento y agradecimiento de todo el pueblo.
Carlos Despradel es economista
Comentarios (1)
El problema de la nación, no es que los políticos sean malos o buenos, el problema de la nación es que ha preferido el personalismo político, en vez de una agenda de desarrollo.
La única manera de medir el nivel de decencia política se basa en en la manera en que los políticos cumplen o no con la agenda nacional.