Recientemente hemos estado leyendo un interesante libro de Justo Pedro Castellanos titulado “Antología del pensamiento de Juan Bosch”, en el cual el autor hace una rigurosa selección de los aspectos más importantes contenidos en más de medio centenar de los libros publicados por este ilustre dominicano.
El autor ha recogido en esta interesante obra, el pensamiento filosófico-cultural, el político y el económico de esta egregia figura pública.
Leyendo la citada obra, podemos apreciar que Bosch no sólo fue un profundo pensador y un hombre extraordinariamente culto, sino también un gran soñador.
Decimos soñador, porque Bosch soñaba cuando dijo en el 1977: “… los peledeístas no vivimos de la política ni aspiramos a vivir de ella; no podemos pensar siquiera en engañar al pueblo ni necesitamos hacerlo”.
Más aún soñaba, cuando dijo: “… los dominicanos saben muy bien que si tomamos el poder, no habrá un peledeísta que se haga rico con los fondos públicos; no habrá un peledeísta que abuse de su autoridad en perjuicio de un dominicano; no habrá un peledeísta que le oculte al país un hecho incorrecto o sucio o inmoral”.
Lamentablemente para nuestro país, la realidad ha demostrado ser diferente.
Constantemente vemos en la prensa denuncias de actos de funcionarios públicos reñidos con la ética.
Los acusan de utilizar los fondos públicos para beneficio de familiares y amigos, de lo cual no ha escapado ni el honorable Senado de la República, donde algunos de sus miembros han utilizado los recursos asignados para ejercer sus funciones, en pagos hasta de trabajadoras domésticas.
De igual manera, muchos diputados se han dado a la lucrativa tarea de vender las exoneraciones de vehículos con lo cual entran al país libres de impuestos, las más costosas marcas internacionales, en perjuicio del fisco. Y la lista es interminable.
Las denuncias han sido tan diversas que no sólo han venido de instituciones de la sociedad civil como Participación Ciudadana y la Fundación Institucionalidad y Justicia, sino que ha incluido a la Iglesia católica e incluso a Su Santidad.
Lo lamentable es que no se ha visto una reacción del Gobierno acorde con la gravedad de dichas denuncias.
Pero lo peor del caso, es que esta situación no puede llevar a la ciudadanía a una depresión o una desesperanza, pues como dijo un poeta: toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son.
Carlos Despradel es economista
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