Cuando los bolcheviques, que significa mayoría, decidieron tomar por asalto el Palacio de Invierno, donde se concentraba el poder del último zar de Rusia, el Comité Central del partido decidió que su líder, Lenin, permaneciera en la clandestinidad, como había dirigido todo el proceso hasta darse las condiciones de llegar al poder.
Cuando entró a Rusia desde su exilio, Lenin iba en un tren y para ver cómo los rusos entendían lo que estaba sucediendo, le preguntó a una obrera qué estaba pasando, y la mujer, que echaba el carbón a la locomotora, le contestó de dónde diablos es usted, usted no ve que los obreros están haciendo la revolución.
Lenin, como líder al fin, no respetó la decisión del Comité Central del partido y se dirigió al Palacio de Invierno, y allá comenzó a nombrar su gabinete, entre ellos un viejo militante de la organización, que se negaba a ocupar el cargo, ya que sinceramente le manifestaba que no conocía nada de lo que le estaban poniendo a su cargo.
Cuando Lenin sabía que iba a morir, después de recibir un atentado, le envió una carta al Comité Central para advertirle el peligro que constituía Stalin para encabezar el partido en el poder.
Pasaron décadas para que se supiera de esa carta, ya que el sector de Stalin en el Comité Central secuestró la correspondencia para lograr lo que la historia conoce, el prolongado poder de quien fuera calificado como El Hombre de Hierro.
Stalin resolvió las contradicciones con sus compañeros de partido de una sola manera, enviándolos al exilio y al cementerio.
León Trotsky, su principal opositor, no se salvó ni en el exterior, convirtiéndose su muerte en una leyenda por lo bien planificado de la persecución de Stalin.
Cuando Stalin murió, fue sustituido por Nikita Krushev, quien al pronunciar su discurso, en el Congreso que siguió a la desaparición del Hombre de Hierro, denunció todas las atrocidades de su antecesor.
Uno de los miembros del Congreso, que estaba en el público, voceó, Nikita, dónde estaba mientras eso sucedía –las muertes de los adversarios de Stalin– y Nikita respondió quién dice eso, quién habla.
Nadie contestó. Nikita entonces respondió yo estaba donde mismo usted está.
Cuando esto sucedía, una parte de Alemania había sido convertida en satélite del poder que había creado Stalin, convirtiéndose en el principal símbolo de su régimen la Muralla de Berlín, que hoy toda Europa celebra los 20 años de su desplome.
Rafael Grullón es periodista
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