Aunque realmente lo que celebramos fue el día de haber promulgado la primera Constitución de la República, no hay mucho más que celebrar en cuanto a este hecho.
Lo digo porque cuántas veces nuestros distintos mandatarios no han hecho lo que han querido de ese “pedazo de papel” que una vez nos sirvió para definir y delinear nuestra dominicanidad, como nación, como país.
Eran otros tiempos, de respeto a una constitución realizada después de haber conquistado luchas y enfrentamientos.
Una constitución que costó sudor y lágrimas para los dominicanos de entonces, y que con el devenir de los años, otros dominicanos se han limpiado el sudor de sus frentes con ese “papel”. Delineando una constitución a su acomodo, garantía y beneficios propios.
Y con esto, enseñándoles al país, que ellos hacen con eso lo que quieren, cuando quieren y como quieran.
La principal enseñanza que los políticos veteranos le han dejado a los que vienen detrás de ellos es saber cómo hacer y redactar una nueva “Constitución” cada vez que su situación lo amerite.
Cómo comprar conciencias que se venden por un puestito en el tren gubernamental o en el Congreso, cómo intercambiar leyes y decretos para postularse y ganar elecciones, cómo manejar la mecánica para tranquilizar a la ciudadanía y venderle la historia de siempre de que “la Constitución necesita unos cambios”.
Ahora, estamos a la espera de una nueva promulgación de la Reforma Constitucional, esta vez y como viene sucediendo auspiciada, propiciada y dirigida por el presidente Fernández y su eficiente partido.
Una constitución maltratada, vejada, humillada pero hecha al deseo del mandatario del país.
No es que una constitución no necesite ciertos cambios en un momento determinado, pero lo que ha pasado desde nuestra primera declaración de Constitución hasta el día de hoy es un verdadero festín que nadie lo respeta.
Esos cambios constitucionales son un juguete de todo aquel que se sienta en la silla presidencial.
Esta próxima o mejor dicho nueva “Constitución” no encierra para nada el sentir de este pueblo en muchas de sus leyes.
Es un mamotreto a conveniencia y juego de intereses partidistas que lo único que consiguen cambiando la Constitución es fomentar entre los demás la falta de respeto en asuntos que en un momento fueron “sagrados” en el país para muchos dominicanos.
Pero hoy en día a todo eso se le ha perdido el valor, el respeto y la vergüenza, gracias a nuestros políticos. Muchos son los dominicanos que no se sienten identificados con esa nueva Constitución.
Dunia De Windt es periodista
| < Anterior | Siguiente > |
|---|

Comentarios (0)