Los ciudadanos haitianos, entre los cuales está el ex embajador en nuestro país Guy Alexander, que la semana pasada enviaron una carta al presidente Leonel Fernández pidiéndole reaccionar y adoptar una serie de medidas que garantice la seguridad de sus compatriotas residentes en República Dominicana, debe ser rechazada.
Coincido con el doctor Vinicio Castillo Semán, en el sentido de que la comunicación es una frescura, un atrevimiento, y me permito agregarle que una falta de respeto al primer mandatario de la nación y al pueblo dominicano.
Pedirle al presidente de la República que reaccione ante los hechos que el grupo de intelectuales, políticos y otras personalidades haitianas citan en la carta entregada en nuestra embajada de Haití, es una falta de respeto al presidente, pues lo acusan de no actuar frente a tales hechos.
Pero además, decir que hay una campaña de odio, orquestada por sectores de la prensa y personalidades públicas que se presentan como aliados del presidente, es algo que no se debe aceptar.
No por defender al presidente de la República, ni su gobierno, sino porque la ofensa es al país, no sólo a Leonel Fernández, quien estaría, con su silencio y no reacción, según ellos, permitiendo ese odio.
Y por qué la ofensa al país. Porque no es cierto que aquí haya una campaña de agresión y odio en contra de los hermanos haitianos.
Decir eso es una vulgar mentira, y decir que es algo oficial, orquestado con la anuencia de las autoridades, es mucho peor.
Rechazo categóricamente que exista odio del dominicano hacia el haitiano, decir eso es desconocer los niveles de convivencia entre nacionales del vecino país y nuestros compatriotas en la industria de la construcción, así como en labores agrícolas.
Si existiera ese odio y los ciudadanos haitianos se sintieran inseguro en nuestro territorio, no nos explicamos entonces como pueden estos andar por nuestras calles vendiendo maní, coco de agua, dulce, frutas en las esquinas, haciendo moñitos en las playas, como guardianes en los edificios o negociando en el Pequeño Haití, zona totalmente haitiana de Ciudad Nueva.
Ciertamente que los haitianos no viven en el país como príncipes, pero tampoco los son nuestros compatriotas del mismo nivel de esos ciudadanos del vecino país que han emigrado hacia acá en busca de mejor suerte.
Lo que sí debe decirse y lo saben quienes firmaron la carta, es que en República Dominicana los ciudadanos haitianos viven en mejores condiciones económicas y de seguridad que en su propio país.
Si alguno de los firmantes de la carta lo duda, o desconoce, debe hacer una encuesta entre la comunidad haitiana residente en República Dominicana, que les pregunten a ellos donde prefieren estar: aquí o en Haití.
La respuesta será la misma de los dominicanos residentes en España, Italia, Puerto Rico, Miami, Nueva York, y muchos otros lugares hacia donde han emigrado nuestros compatriotas.
Es lo normal en todo emigrante. Finalmente, los hechos que ocurran entre dominicanos y haitianos, incluso entre los propios haitianos, no deben ser magnificados por quienes desean sembrar el odio entre ciudadanos de las dos naciones.
Al contrario, sabiendo que son hechos aislados, deberían abogar por la convivencia entre ambos, pues de eso los más beneficiados son los habitantes del vecino país.
Daniel García Archibald es periodista
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