El tema de la inmigración haitiana no es nada nuevo en nuestro país. Más que nada nuevo, es un problema al parecer eterno, que nos condena día a día. Así lo expuso en clase un profesor brasileño, en New York University, y parece que tenía razón.
Ahora observamos que la inmigración esta en su mayor apogeo, y nuestro gobierno sigue sin el liderazgo necesario para controlar el flagelo.
Es un problema gravísimo que tenemos los dominicanos, y para enfrentarlo se necesita un gobierno con coraje; un líder que entienda bien sus derechos, pero más que nada que tenga la psicología y el tacto político para manejarse bien con la comunidad internacional.
No fueron pocas las cosas inapropiadas en la que incurrió el ex presidente Balaguer durante sus varios períodos de gobierno, pero en lo que a política exterior se refiere, éste siempre estuvo más que advertido respecto al mundo de la política mundial, y mantuvo el país con la reputación y la dignidad que siempre le correspondió.
En la actualidad los dominicanos estamos observando que hasta organizaciones “ONG’s” están operando en la frontera domínico-haitiana.
Pero más que organizaciones sin fines de lucro, son entidades extranjeras que tienen asiento en nuestro país.
Es preocupante ver cómo estas entidades operan en contra y en detrimento de nuestro pueblo, y de esta situación no sé si culpar a los directores de estas entidades, pues a la larga todo gobierno en el mundo trabaja en pro de sus intereses, incluso en el extranjero, y son nuestros gobiernos los que tienen la obligación de defendernos de cualquier protervia que venga desde el exterior, o si no pagar con la misma moneda y en nombre de los derechos humanos.
¿Por qué si el gobierno dominicano no tiene el valor de trazar líneas al extranjerismo, por lo menos no promueve iguales organizaciones en fronteras extranjeras? No tengamos ninguna duda de que en otras fronteras continentales hay mucho más que hacer que en la frontera domínico-haitiana, pues en sus historias las partes menos pudientes deben su pobreza, precisamente, a interferencias de esos países vecinos, y en algunos casos en específicos sus territorios fueron asaltados y hoy forman parte de esos estados en unión.
La historia domínico-haitiana representa un panorama completamente desigual, ya que a diferencia fueron los haitianos los que ocuparon la República Dominicana por 22 años.
Culpar al extranjero, por consiguiente, sería de mayor alivio para nosotros, pero responsabilizar al nuestro sería más justo.
Jorge Marlbor Alvarado es escritor
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