Aprovechando que estamos en la antesala del mes de la familia, he decidido redactar algunas líneas al respecto. Primero, la familia no es el producto de una relación entre un hombre y una mujer. Es algo más profundo.
Es una comunidad de sentimientos, costumbres, valores que se transmiten a las nuevas generaciones para que sigan con la tarea de mejorar paulatinamente el mundo donde viven.
Uno nunca renuncia a sus roles. La madre o el padre siempre tendrán el consejo, la sana reconvención y la autoridad moral sobre sus hijos.
El abuelo siempre será una persona recordada con amor y respeto. Por ello, siempre existirán nostálgicos que al recordar esos momentos deseen copiarlos en su familia.
Sería pecar de ingenuos si consideramos familia sólo los matrimonios. Hay cientos, miles de personas en nuestro país fruto de uniones de hecho que han educado a sus hijos y los han convertido en hombres y mujeres de provecho.
Otro aspecto que ha cambiado es el actor principal de la familia. Hace 20 años era el hombre, mientras que hoy día vemos familias en matrimonios, madres y padres solteros, abuelos y tíos.
Por ello debemos destacar que una familia tiene reglas propias. Los padres se deben a sus hijos y a su progreso material y espiritual. Los educan, los alimentan (espiritual y físicamente), los entretienen y les dan afecto.
Los hijos les devuelven el gesto honrando a sus padres, es decir, portándose bien y cumpliendo sus deberes
. Debe existir una comunión de valores de la pareja, ya que aunque cada persona es distinta, los padres son un equipo obligado a guiar a los hijos por el camino bueno.
Una tradición musulmana señala que Mahoma predicó la creación de una UMMA o comunidad de fieles unidos por la religión y el amor. ¿Acaso no debe ser eso una familia? Un grupo de personas cohesionados por afectos, tradiciones y creencias en común, lo cual pesa aún más que la sangre.
Es nuestro deber concienciar en mentideros, calles, pueblos y ciudades a todos sobre la importancia de una familia sana, ya que muchos de los males que padecemos como sociedad se aminorarían sobremanera si tenemos jóvenes educados en valores y principios, y eso sólo se adquiere en un lado, y no es Harvard, sino en el seno de cada una de nuestras familias.
Por todo lo anteriormente expresado es que todas nuestras constituciones y leyes declaran como máxima prioridad la defensa y protección de la familia, ya que todo lo que es bueno del ser humano nace de ahí y si ese reducto de valores y principios morales se corrompe, simplemente nos espera un futuro sombrío como sociedad.
Nestor Saviñón es abogado
| < Anterior | Siguiente > |
|---|

Comentarios (1)