Ya no es sólo la criminalidad, la delincuencia, las drogas que inundan nuestros barrios y los accidentes de tránsito, principales causas de muerte en el país. También el dengue nos está matando.
Al igual que en los otros casos, el dengue no discrimina y mata igual a hombres, mujeres, jóvenes, ancianos y niños, gracias a la gran proliferación del mosquito transmisor y a la incapacidad de nuestras autoridades.
De acuerdo con los expertos en la materia, los casos registrados este año, tanto en la detección, como en el número de muertes por el dengue, ya superan las cifras del 2008. Es decir, que en esta materia el país ha retrocedido.
Lo grave del caso es que, mientras las cifras aumentan, porque cada día aparecen nuevos casos, las autoridades responsables de actuar parecen no tener un plan para hacerlo, mientras la población desesperada abarrota los hospitales.
Sólo en el hospital Robert Reid Cabral, especializado en niños, se habla de una cifra que supera los 500 casos de dengue, la mayoría de ellos hemorrágico, lo cual obligó a su director a utilizar una sala adicional para atender a los pacientes.
Las propias autoridades, cuando se habla del número de muertos por el dengue dicen que supera los 30, la mayoría de ellos niños, y como ha de suponerse de los sectores más pobres de la población.
Naturalmente, la gente es muy incrédula cuando las cifras que se ofrecen en casos como éste provienen del sector oficial, es decir, de la Secretaría de Estado de Salud Pública, cuyo titular se ha ufanado siempre en decir que todo anda bien en nuestros hospitales y que en ellos no hace falta de nada.
Esa incredulidad ante los datos que, sobre los efectos del dengue en el país, fue puesta de manifiesto por el infectólogo Clemente Terrero, quien afirma que Salud Pública no dice la verdad, e incluso acusa al organismo y su titular de ocultar el 80 por ciento de los casos.
Los expertos hablan de que en América Latina las expectativas de muerte por dengue están entre el uno y el diez por ciento y al decir de los conocedores del tema, en República Dominicana ya ha alcanzado el 15 por ciento.
Qué ha pasado. Habría que hacerse esa pregunta. Cómo es posible que algo superado en naciones con más pobreza, limitaciones y condiciones de vida inferiores a la nuestra no tengan el problema que tenemos los dominicanos.
Dónde están los planes de respuestas a situaciones como ésta a la que ya no puede seguírsele tratando como si fueran dos o tres casos aislados, sino como lo que es, una epidemia, de acuerdo con los expertos.
Daniel García Archibald es periodista
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