Fue en el mandato 2004-2008, del presidente Leonel Fernández, cuando me atreví a sugerir que el principal problema que debía enfrentar el Gobierno era el alto índice de delincuencia y criminalidad que se venía observando en la sociedad dominicana.
Tenía el temor, como muchos otros dominicanos, de que nos pareciéramos y compararan con Colombia, México o Puerto Rico, éste último, considerado por los propios puertorriqueños como una de las naciones más violentas de América Latina.
Para entonces, la criminalidad nuestra eran los asaltos, robos en vehículos, raptos, violaciones, asesinatos, para robar un celular y alguna que otra acción que llamara la atención en una casa o apartamento.
La mayoría de estos hechos delictivos y criminales estaban asociados con el bajo mundo de las drogas, en un país que de ser puente para el narcotráfico internacional, de repente se convirtió en gran consumidor.
El tráfico internacional de drogas fue aumentando, también el consumo, y obviamente que los hechos delictivos, sobre todo la criminalidad, se fue incrementando vertiginosamente.
Lo peor, nuestras autoridades no se prepararon.
No preparamos lo suficiente a la policía, dejamos a la Dirección Nacional de Control de Drogas con los mismos hombres, los mismos recursos.
Mientras, el crimen organizado cada vez se tecnifica más.
Lo mismo ha venido pasando con nuestras Fuerzas Armadas, salvo algunas excepsiones, es la misma y no lucen estar preparadas, ni técnica, ni logísticamente para enfrentar la delincuencia, que incluso ha logrado penetrarla junto a la Policía.
Ya no son los simples robos de celulares, asaltos y atracos a mujeres en los autos, ni el hurto de una cartera, la delincuencia y criminalidad ha sobrepasado sus límites y ahora nos llegan los secuestros como parte del menú.
Y esto preocupa.
Nos preocupa a quienes vivimos en este país porque ahora no sabemos quiénes están al acecho para secuestrarnos, o para secuestrar a uno de nuestros hijos como acaba de pasar con un niño en Bonao.
Les preocupa a quienes viven fuera de nuestro país, pero tienen inversiones aquí o están siendo conquistados por nuestras autoridades para que vengan a República Dominicana a invertir.
Preocupa a quienes hemos hecho de este país, a través de muchos años y sacrificio un destino turístico ideal para vacacionar y que en los años 70 y 80 lo vendíamos como el más seguro del Caribe.
Preocupa a los touroperadores, agentes de viajes, hotelero, aerolíneas, y a los propios potenciales visitantes, porque les están llegando noticias de que aquí, en la isla del Caribe donde ellos pensaban vacacionar o enviar sus clientes, quizás hacer alguna inversión, la delincuencia y criminalidad han tomado el control y ya no hay seguridad.
Las autoridades tienen la palabra.
Daniel García Archibald es periodista
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