Vivir en mundo globalizado, como vivimos, debería dar ventajas al último consumidor, quien compra bienes para satisfacer necesidades de su hogar, pero no es así, pues la tienda, principalmente la de grandes comerciantes, usa su poder para manipular oferta y precios, en colusión con otras entidades del canal, cerrar acceso al mercado, eliminar competidores por compartir con el consumidor su eficiencia, y consiguen legislaciones y sentencias favorables... La desaparición o reducción de barreras arancelarias debería entregar un incremento de la calidad de la oferta del mercado ampliado y precios más bajos por la competencia.
Sin embargo, ni los precios ni la calidad han mejorado.
Durante las últimas tres semanas, mi hogar ha sido económicamente afectado por prácticas criminales ejecutadas por establecimientos comerciales de tres grandes cadenas.
Una muestra discrepancias entre la suma de los valores de la cinta registradora y el monto cobrado.
Otra se nota cuando ofertas atractivas mueven a multitudes a aprovecharlas, solo para oír un “no lo hemos recibido todavía” o “se agotó la existencia” aunque el establecimiento acabare de abrir sus puertas.
Se expenden artículos congelados que uno adquiere para echarlos a la basura porque al usarlos se percata uno del estado avanzado de descomposición, o de que la fecha de vencimiento pasó, o que el bien comprado difiere de la descripción del vendido, o que pagó precio diferente al anunciado.
Exactamente en mil pesos discrepó mi suma de la cinta del importe pagado.
Perdimos también siete libras de mero y el almuerzo de un día porque el pescado estaba contaminado con sustancia amarga como la hiel y lo botamos; de otro supermercado, perdimos 30 libras de pollos congelados que estaban en proceso de putrefacción, e igual nos pasó esta semana con veinticinco libras de muslos comprados en otro supermercado.
En la República Dominicana hay un “Instituto Nacional de Protección a los Derechos del Consumidor,” un ministerio de Industria y Comercio, otro de Salud Pública, que controla normas y estándares.
Hay comerciantes entre los vendedores, algunos que siguen las normativas ISO9000, realizan obras filantrópicas, tienen fundaciones y programas de ayuda a necesitados, fomentan el arte y los estudios.
Pero las prácticas que señalo ni son nuevas ni las realizan criminales reconocidos, sino por los mismos filántropos que ayudan al necesitado y fomentan la educación y la cultura.
Tenemos que exigir de todas esas instituciones un comportamiento de rol en concordancia con las prescripciones que las rigen. Pero más que todo, debemos dejar de adquirir bienes donde se nos engañe tan vilmente como he señalado.
Marcos Taveras es consultor privado
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