Antes que todo, una cordial y sincera felicitación para los nuevos exaltados al Pabellón de la Fama del Deporte Dominicano.
Para aquel que como un servidor observó baloncesto y béisbol en las décadas de los ’80 y los ’90, saber que José-Boyón-Domínguez (no se lo he dicho nunca, pero fue mi ídolo toda la vida) y Stanley Javier pertenecen a esa clase inmortal es motivo de júbilo.
A los demás elegidos, congratulaciones.
Pero cada proceso, no importa la actividad que sea, genera un escrutinio que obliga a cuestionar situaciones. El motivo no es avieso. La idea es mejorar.
Son muchas las voces que preguntan cuándo entrará Johnny Olivo al grupo de los inmortales.
Aun no he escuchado al primero que refute que el finado zurdo merece la selección. Todo lo contrario, expertos en la materia, testigos en el terreno de juego de las proezas de Olivo, muestran su inconformidad porque no ha sido elevado al pedestal que obtuvo con sus acciones.
Es más, el consenso es que hace rato debió estar. Por encima de muchos que tienen membresía y la palabra grandeza no les acompaña. Me perdonan si hiero susceptibilidades, pero al Pabellón de la Fama deben ir los grandes, no los promedio.
Al observar los últimos procesos, brilla por su ausencia la regulación del factor tiempo. Si José Joaquín Tineo brilló en los ’70, mueve a un asombro mayúsculo que su elección sea en 2009.
Entre tantas situaciones, sabemos que Héctor Romero, de colosales virtudes, fue justamente ingresado, pero Pascual Díaz, que las palabras sobran porque el pabellón de voleibol le quedaba pequeño, no tiene matrícula en la universidad del laurel.
De que hay más interrogantes, que nadie lo dude. Por ahora, solo estas.
Apunte esto. Esa serie de los Yankees y Anaheim será intensa…Los primeros tienen la fuerza y los segundos la facilidad de hacer carreras con sus otras armas…
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