Hace tiempo que estamos recibiendo las consecuencias del deterioro institucional y la miseria del pueblo haitiano. Alrededor de dos millones están en el territorio nacional.
No hay controles efectivos en la frontera. Parecería que su penetración pacífica se efectúa con la complicidad de las autoridades dominicanas.
La situación es tan grave, que no debemos perder tiempo remontándonos a la historia ni con cátedras sobre Boyer y sus planes de haitianizar el país ni de Toussaint Louverture, Dessalines, ni en analizar a Duarte y su famosa frase “nuestra patria ha de ser libre e independiente de toda potencia extranjera o se hunde la isla”. Es cuestión de concentrarnos en el presente y resolver con coraje.
Lo primero es definir lo que queremos. ¿Deseamos mantener la soberanía o unificar la isla? No entiendo las señales del Gobierno.
En lugar de ayudar los haitianos a resolver sus problemas en su territorio, como pregonan en cumbres internacionales, se concentran en legalizarle su estatus aquí, darles trabajo, facilidades en hospitales, escuelas, chiripeo en las calles, etc., en acomodarlos, cargando nuestro presupuesto.
Se están adueñando de áreas e introducen valores religiosos y culturales diferentes. Nos complican.
Lo que se desborda en Haití y cruza nuestra frontera, no son flores ni riquezas. Es miseria, enfermedades, fecundidad incontrolable, etc.
¿Vale la pena a cambio de mano de obra barata? Como cristianos, ¿es mejor ayudarlos aquí o en su patria? ¿Dónde serán más felices? Empresarios y políticos criollos, facilitan su llegada pensando en el voto y salarios inferiores a los locales. En gran medida, son responsables de esta invasión.
¿Se justifica el costo social? El Gobierno lo permite. Para luego quejarse de que los organismos internacionales quieren que carguemos con los haitianos.
Ante tanta flexibilidad, no me sorprendería que las naciones u organismos internacionales, prefieran proporcionarnos recursos para mantenerlos.
¿Es lo que deseamos? ¿Una sola mezcla? Se oyen inquietudes de grupos nacionalista advirtiendo sobre la intención de fusionar Haití y RD. El Gobierno dominicano está facilitando el trabajo.
Las puertas de las fronteras están abiertas, sin controles. Los haitianos se acomodan por doquier y en el Congreso buscan la forma de legalizar su situación. El mensaje está clarísimo.
De lo contrario, el presidente Leonel Fernández quien tanto imita al Dr. Balaguer, lo hubiera hecho en este caso, con la actitud de “ustedes allá y nosotros aquí”. Balaguer nunca visitó esa nación.
Cada quien en su escenario, para evitar confusiones. Si el Gobierno desea mantener la soberanía, debe dar señales prácticas, no teóricas, de que cuida la nación.
Venecia Joaquín es comunicadora
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