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Nuestra Señora de las Mercedes

Sábado 10 de Octubre de 2009 Néstor Saviñón
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El continente americano, y en especial la República Dominicana, poseen una íntima y cercana relación con María, madre de Jesús Nuestro Señor.

Todos los países de la América Latina poseen advocaciones, es decir, nombres por los que se invoca a la virgen en dichos países, por ejemplo, en Cuba ella es Nuestra Señora de la Caridad del Cobre, en Venezuela la Virgen de Coromoto, etc.

El caso dominicano es especial. Tenemos dos advocaciones principales y varias secundarias, caso único en América y el mundo.

Tenemos el 21 de enero, día de Nuestra Señora de la Altagracia (Tatica) y el 24 de septiembre se celebra nuestra Señora de las Mercedes, que es nuestro tema a tratar hoy.

La Virgen, en su advocación de las Mercedes, se remonta a los inicios de la gesta que supuso la conquista y colonización de las feraces y ubérrimas  tierras americanas.

En 1494 permitió que un ejército español inferior en número, derrotara a sus agresores taínos en lo que luego se llamó el Santo Cerro, implantando la cruz y el lábaro español en el valle más hermoso que ojos humanos hayan visto.

Esta fue una lucha con luces y sombras donde sólo la cristiandad terminó triunfante, ya que la cultura precolombina desapareció para siempre.

En 1694 el peligro venía de un agresivo contingente de tropas francesas, que aprovechando la miopía imperdonable de un Gobernador General  de la Isla, habían ocupado regiones enteras que antes eran españolas y poco antes habían tenido la audacia de tomar el primer Santiago de América.

En una batalla producida en una llanura llamada Sabana Real de la Limonade, la Virgen nuevamente ayuda a sus hijos desamparados y los impulsa a la victoria.

Más, la virgen no es una bestia sedienta de sangre, sino que es un ser purísimo, lleno de amor, compasión y que posee gran dulzura por cada uno de nosotros.

La virgen es nuestra intercesora y abogada ante su Hijo y Dios, y el que cree verá milagros, ya que la fe mueve montañas.

Si algo debemos aprender de ella es a amar. No me refiero sólo a la atracción física, sino a brindarse a los demás y todos funcionar como uno.

Recuerden que La Palabra señala que usted puede tener todos los conocimientos y puede conocer todas las lenguas, pero si no tiene amor en su corazón, usted será una triste campana que tañe lastimeramente en el vacío.

Creo prudente, para concluir, rezar la oración dedicada a nuestra Madre Celestial para que proteja nuestros trabajos y esfuerzos académicos:

AVE MARÍA.
Néstor Saviñón es abogado
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