Las playas “son terrenos llanos a la orilla de un río o mar, formado de arenales. Es un espacio amplio sin edificación destinado a diversos usos”. Es decir, son parte de la naturaleza como el mar, la lluvia, ríos, aire y para uso de la colectividad.
Privatizarla, buscarle propietarios, es arrebatarle a la población un bien natural que le corresponde. Es quitarle el derecho a disfrutarlo gratuitamente.
Es suprimirle la libertad de llegar a ella con su familia a gozar de sano esparcimiento, respirar aire fresco, tomar el sol, sacar el stress, divertirse, ejercitarse.
Bordeando las mejores playas del país, tenemos lujosos hoteles, villas, mansiones de acaudaladas familias. En la mayoría, la población puede transitar y usarlas.
Simplemente necesita tener buen comportamiento y mantener la higiene en las mismas.
Pero ahora resulta, que nuestra poderosa Asamblea Nacional, la que debe abogar por el bienestar de la mayoría, atendiendo a peticiones y quién sabe si presiones de empresarios y líderes políticos millonarios, pretende restringir el derecho del 90% de los ciudadanos de acceder a playas, ríos, costas y lagos.
Reconocen que son del dominio publico, de libre acceso, pero “observándose el derecho a la propiedad privada”.
Habrá una famosa ley que regulara las condiciones de su disfrute y gestión, pero podrá ser de su propiedad. Mis felicitaciones para los millonarios inversionistas criollos y extranjeros que supieron doblegarle el pulso a la mayoría de los asambleístas que el pueblo eligió para defenderlo.
Así se gobierna. Que la mayoría tenga que pedirle permiso a la minoría, incluyendo extranjeros, para hacer uso de sus derechos y bienes.
¡E palante que vamos! Ahora entiendo la actitud de algunos líderes del partido en el poder, que se han recogido, como para contemplar desde lejos que se está actuando sin pensar en las necesidades del pueblo. A los pobres cada día se les dificulta más tener fuente de recreación.
Cuando en la ciudad abrieron colmadones para su diversión, casi lo cierran seguido argumentando bulla, música alta.
Finalmente le restringieron la hora. Ahora si quieren relajarse en playas, ríos, lagos, primero deben averiguar si es propiedad privada.
Parecería que desean asfixiarlos. No tienen alternativas. Me imagino que muchos se refugiarán en la droga para evadir esa realidad y alucinar.
Otros en la delincuencia para poder comprar el acceso a las playas de ricos. Rechazo la decisión de los asambleístas de privatizarlas.
Deben ser públicas. Con controles para su uso correcto y con seguridad para el respeto.
Se nota que los asambleístas se han alejados de la pobreza, cambiando su posición económica por una más holgada, con la misma rapidez con que cambiaron la posición de que las playas pertenecían al dominio público y al día siguiente presentar el derecho a la propiedad privada.
Venecia Joaquín es comunicadora
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