Sucedió hace más o menos catorce meses, nos reunimos en el auditorio de la Fundación Global Democracia y Desarrollo para asistir al inicio de la maestría en Ciencias Políticas para el Desarrollo que pretendíamos cursar en el Instituto Global de Altos Estudios en Ciencias Sociales. Algunos se mostraban extravertidos, unos huraños y otros tímidos, como si cada quien tuviera la misión de confirmar la regla de diversidad de caracteres.
Comenzó el primer módulo y sólo uno que otro, en una que otra oportunidad, intervenía para hacer alguna aclaración, al tiempo de revisar tímidamente su entorno, exhibiendo un rostro mendicante de aprobación que acaso lograba algún buen samaritano le prodigara.
Pero los dominicanos somos gente especial, cariñosos y de buen humor, con una enorme disposición de convertirnos en primos, compadres, colegas y hasta contrarios políticos en el más breve tiempo. Ya para el segundo módulo apareció una dulce señora con dos cámaras (una para fotografías y otra para videos), presta a grabar hasta el movimiento de una larva; un cariñoso higüeyano procuraba divertir a los demás durante el coffee break imitando el lenguaje de la realeza utilizado por la docente, obviamente, sin que ninguna de esas cuestiones interfiriera con la conducta seria y responsable observada por ellos en clase.
Pasaron los meses y a la fecha estamos concluyendo provechosamente la maestría en un ambiente que nos ha permitido fomentar una estrecha relación entre nosotros y habiendo contraído el compromiso recíproco de velar por el mantenimiento de la amistad generada en este espacio que no dudo en llamar santuario del conocimiento, pero sobre todo con el reforzado compromiso hacia el país de ser útiles en cada circunstancia que lo requiera, en correspondencia con el sentimiento que inspiró en la persona del presidente Leonel Fernández la fundación del Instituto.
No quería que concluyera esta hermosa experiencia sin destacar la dicha que me ha deparado ser acreedor del cariño de José Féliz, Julio César Valentín, Romeo, Amaury, Magín, Noris, Víctor, Magda, Leidy, Glenny, Dalia, Adriano, José, Diógenes, Rosa, Jesús, Diuris, Jovanny, Magalis, Juana, Rosaida y Basora y dar las gracias a mi mentor, Elías Wessin Chávez, por empeñarse en que hiciera la maestría.
Tampoco concluir sin hacer un reconocimiento público al personal del Iglobal en la persona del doctor Leonel Fernández, quien con pasión de verdadero maestro ha tenido la visión altruista de fundarlo en una época en que el nihilismo aspira a ser la regla y otros políticos se estrujan el cerebro en el empeño de identificar nuevas fórmulas para acumular bienes materiales.
Emerson Soriano es abogado y político
Comentarios (0)