Juan Pablo Primero fue escogido como Papa en medio de una crisis en las votaciones de los cardenales a la hora de escoger la figura principal de la Iglesia católica.
Antes de llegar al Vaticano, Juan Pablo Primero bautizado como el Papa de la Sonrisa, era el Príncipe de Venecia.
Es decir, la figura principal de la Iglesia de esta ciudad de Italia, país que monopolizó el papado por mucho tiempo.
Cuando se encontraba con este rango en Venecia, Albino Luciani, que era su nombre de mortal, fue a un seminario donde pasó parte del día discutiendo con un abogado los temas que eran objeto del aquel encuentro de las ideas.
Al irse el día, el profesional le preguntó a Albino Luciani que dónde vivía para ir a visitarlo para continuar debatiendo. Luciani le dio la dirección, y el hombre asombrado exclamó "Pero ahí es que vive el Príncipe de Venecia". Luciani contestó "Yo soy el Príncipe de Venecia".
Una vez el Príncipe de Venecia iba por un camino en su viejo carro Peugeot y vio un templo religioso y decidió entrar. Los curitas que estaban de guardia allí le prohibieron la entrada, y al devolverse al vehículo su chofer le preguntó "qué pasa, excelencia".
Al escuchar la categoría, raudo los curitas invitaron a Albino Luciani a pasar al templo religioso y le susurraron al oído "Por qué no vestía de púrpura".
El Príncipe de Venecia no usaba los trajes de las figuras de la Iglesia, sino que zurcía sus ropas. Cuando fue escogido Papa una hermana fue a visitarlo al Vaticano, y le confesó "No es fácil ser Papa". El quería salir a caminar fuera del Vaticano, pero la Curia de Roma que controla el protocolo se lo impedía.
"Si usted sale caminando por ahí por esas calles, provocaría el caos en el tránsito", le advertían.
Juan Pablo Primero sacaba tiempo para ir a los jardines del Vaticano a hablar con el jardinero, a quien le decía "Antes yo también fui jornalero y tenía callos en las manos, pero ahora tengo callos en el cerebro de tanto pensar".
Juan Pablo Primero descubrió un desfalco en en las cuenta del Vaticano, propuso que el oro de la iglesia mundial fuera invertido en los pobres y estaba a favor de los anticonceptivos, pero un día amaneció muerto para convertirse en un Papa efímero que dejó de sonreír.
"Esta mañana, 29 de septiembre de 1978, hacia las cinco y media, el secretario particular del Papa, no habiendo encontrado al Santo Padre en la capilla, como de costumbre, le ha buscado en su habitación y le ha encontrado muerto en la cama, con la luz encendida, como si aún leyera", fue el anuncio oficial del Vaticano de la todavía misteriosa muerte de Juan Pablo Primero.
Rafael Grullón es periodista
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