Es indudable, República Dominicana ha cogido un derrotero difícil, por la tanta droga que llega.
Desde hace varios años el país es puente, proveedor, almacenista y en ciertas esferas consumidor de estupefacientes a gran escala.
Asesinatos, homicidios y robos a plena de luz del día se han multiplicado en distintos sectores, sin estar ningún barrio a salvo.
Un detonante que ha convertido la violencia a todos los niveles en el pan de cada día.
Décadas atrás, los problemas de droga se limitaban a barrios muy periféricos.
Hoy un “tumbe” de droga, allanamiento de morada de clase media y alta en sectores residenciales o un asesinato por estas circunstancias en cualquier esquina, es normal.
Años atrás, algunos de los que emigraban a Estados Unidos se iban con el único objetivo de dedicarse a la venta de drogas.
Hoy, esos hombres o mujeres, ya deportados, contribuyen a convertir el país en un punto “caliente” de distribución de estupefacientes hacia otras latitudes, gracias a la ayuda de las autoridades que facilitan su transporte y que forman parte del negocio millonario de la droga.
Yo pregunto, ¿qué otra opción de inserción laboral y social tienen los que son deportados de EE.UU. al país que no sea, seguir delinquiendo con drogas y homicidios con el único fin de sobrevivir en una sociedad que no les brinda otra opción?
Actualmente, no pasa una semana sin que la sociedad lea en los medios de una nueva avioneta que circunda los cielos dominicanos con el fin de descargar o hacer un aterrizaje de paso para abastecerse de la mercancía deseada.
El narcotráfico en cualquier lugar del mundo es un negocio complicado de frenar.
Porque como sucede en el país, su éxito radica en que es una “cadena” de personas y permisividad institucional que tienen que funcionar al unísono para que toda la operación sea positiva para todas las partes involucradas.
Para nadie es un secreto que desde que en la isla comenzaron a darse a conocer sin pausa y sin aviso los hechos relacionados con el narcotráfico, muchos policías, integrantes de la Marina de Guerra, políticos y demás, están involucrados en este negocio, que por supuesto, les deja más dinero que sus propios sueldos.
Hay que ser muy serio para no caer en esas redes de tentación, que cuando vienen a ti, te triplican el sueldo por el solo hecho de dejar pasar varios kilitos en una operación.
Y de seriedad se adolece mucho en este país. Y no sólo esto, sino que en nuestro país vienen a residir para esconderse y seguir traficando, conocidos narcos de otros países con su documentación dominicana en regla. ¡Vergonzoso!
Dunia De Windt es periodista
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