Nepotismo es la desmedida preferencia que algunos funcionarios dan a sus parientes para ocupar cargos públicos.
Hay argumentos en pro y en contra de esta acción. En realidad, envuelve factores dignos de analizarse.
Los que lo justifican dicen que los funcionarios se sienten más tranquilos teniendo cerca y en posiciones claves, personas de su íntima confianza.
Que en condiciones iguales, es normal, que se inclinen por los técnicos de la familia, esto es hermanos, tíos, etc., pues es la gran oportunidad de ayudarlos hasta con dadivas.
Los que están en desacuerdo consideran que toda la población tiene derecho a las fuentes de empleos públicos.
Afirman que el problema del nepotismo se presenta cuando el simple hecho de ser amigo o familiar, se convierte en una norma de reclutamiento.
Tienden a proteger el mal desempeño, la incapacidad, “la ropa sucia de la familia”.
Eso conduce a la ineficiencia, mal uso del dinero que el pueblo proporciona, pagando impuestos, para el buen funcionamiento de una institución de servicio público, no familiar.
Preocupa no solo este tipo de nepotismo, sino otro más delicado: el que surge de “los mini gobiernos de alcoba”.
De aquellos esposos en que cada cónyuge es un alto funcionario del Gobierno, ocupando secretarías de estados o direcciones generales.
Cuando en la misma cama se arropan dos grandes poderes, con sus sueldazos, se olvidan de todo.
Me imagino el disfrute, el goce.
Sus familiares tienen un campo más amplio para seleccionar su área de trabajo y la ayuda.
El nepotismo conduce a la injusticia social.
Afortunadamente algunos funcionarios, por principio, por pudor, no lo aceptan. Saben que es una indelicadeza.
En República Dominicana somos alrededor de nueve millones de habitantes, es decir, miles de familias.
No es justo que solo doscientas o trescientas se beneficien con empleos y nominillas.
Hay muchos técnicos capacitados que se ven precisados a salir del país por falta de oportunidades.
Además, debemos tratar de que más padres de familia tengan acceso a fuentes de trabajo para que ayuden mejor a sus hijos.
Que los empleos no sean privilegios de algunos. Debemos descentralizar.
Necesitamos una justa distribución de los bienes y servicio para que la sociedad sea más humana y equilibrada.
No basta que el funcionario sea un magnífico técnico, debemos observarle la personalidad.
Siempre he pensado que detrás del nepotismo tenemos un gerente o jefe, con vacíos, ambiciones y temores que lo llevan a actitudes egoístas, a perder de vista su misión y lo pone de manifiesto en el momento que obtiene poder, una alta posición.
Es lamentable que hasta olvidan los miembros de su partido al concentrarse en su familia.
¡Qué pena darle prioridad a la prosperidad familiar en detrimento del bienestar general!
Venecia Joaquín es comunicadora
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