Las recientes revelaciones de WikiLeaks contenidas en dos mil cables secretos enviados a Washington por la Embajada de Estados Unidos en República Dominicana alterarán en las próximas semanas el debate político local, porque cuestionan la conducta de funcionarios, ex funcionarios, jueces, políticos y legisladores.
La corrupción, la lucha por el poder en el interior de instancias públicas, así como por obtener privilegios económicos, saldrán a relucir en esta segunda ronda de “cablegates”. La primera fue en diciembre y en ella les tocó el turno a Felucho Jiménez y a Andrés Van Der Horts.
En esta ocasión, la primera publicación de los cables colocó en la palestra las contradicciones entre el presidente y el vicepresidente de la Suprema Corte de Justicia, Jorge Subero Isa y Rafael Luciano Pichardo. La conducta ética de éste último es cuestionada por Subero en una conversación en 2006 con el embajador Hans Hertell. Las revelaciones de ahora vienen acompañadas por una advertencia del propio Julián Assange, de que los cables que no sean publicados por Noticias SIN, a la que cedió los derechos para difundirlos, serán colgados en la página de Wikileaks.
Sin duda, después de las filtraciones de Watergate que obligaron al presidente Richard Nixon a renunciar en 1974 y los documentos sobre la guerra de Vietnam, ningún otro acontecimiento había estremecido al gobierno estadounidense como lo ha hecho WikiLeaks.
Desde noviembre de 2010, los documentos y videos sobre torturas a reclusos en Irak, Afganistán y Guantánamo, además de inéditas conversaciones entre diplomáticos estadounidenses y funcionarios de gobiernos aliados, han creado serias dificultades a la mayor potencia del mundo, y las denuncias comienzan ahora a destapar un escándalo de impredecibles consecuencias para el gobierno y políticos dominicanos.
¿Cuál es la trascendencia de los documentos de WikiLeaks? Algunas conclusiones: en el plano local, las revelaciones cambiarán el escenario político para las próximas elecciones, lo que obligará a los partidos a modificar sus estrategias.
Se desatará una lucha por el dominio de la opinión pública, en un intento de los involucrados por limpiar su imagen; conoceremos acciones de cabildeos para granjearse canonjías políticas y beneficios económicos, pero también sabremos cómo Estados Unidos ejerce influencia para defender sus intereses.
Una enseñanza inmediata: empresarios, funcionarios y políticos lo pensarán dos veces antes de desbocarse frente a representantes de EE.UU., porque probablemente –con el poder de las nuevas tecnologías - sus confesiones irán a parar a las portadas de los medios de comunicación.
Óscar Peña es escritor y periodista
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