Nadie niega las bondades del automóvil. Pero, muchas veces, podemos notar que las normas mínimas de “civismo automotor” no se cumplen.
Se ha hecho un espectáculo desagradablemente común el tener conductores temerarios que hieren y matan a otros, simplemente por hacer gala de un desconocimiento asombroso de la normativa de tránsito o peor, por desidia e indiferencia.
Muchas veces, las prácticas de manejo temerarias se complementan con la ingesta excesiva de alcohol y de estupefacientes (cocaína, marihuana, etc.), como lo demuestran estudios realizados en el hospital Darío Contreras.
Todos conocemos la existencia de un marco legal que sanciona estos ilícitos, pero se olvida que muchas veces las sanciones existentes sólo poseen algún efecto cuando estamos ante la comitencia de un delito, es decir, un ilícito de cierta gravedad que causa perturbación social.
En muchos países, en vista de este fenómeno conocido como la responsabilidad de la cosa inanimada, se ha empezado, conjuntamente a las sanciones civiles y penales que se puedan tipificar, a establecer regímenes de puntos por infracción, sin importar si es contravencional o correccional y estableciendo claramente que todo ciudadano con una cantidad inferior a x puntos tiene su licencia suspendida.
Argentina y Estados Unidos son ejemplos de la práctica antes descrita, acaso no se le quita el arma y se le cancela la licencia al que hace mal uso de ella.
Debemos ocuparnos de este aspecto, ya que hoy día uno de los primeros indicadores de civilidad de una población es su tránsito y el respeto a las normas que rigen el mismo.
Si una nación no respeta las leyes de tránsito, difícilmente puede respetar alguna otra normativa, incluyendo la Constitución.
Debemos aumentar la rigurosidad de nuestros exámenes para obtener la licencia de conducir, para garantizar que los futuros conductores estén realmente preparados para tener la responsabilidad de un volante.
Debe reforzarse, además, nuestra vigilancia en las calles y caminos con el fin de garantizar seguridad a los ciudadanos, con una dotación policial preparada, eficiente y que conozca la ley de tránsito a conciencia.
No sabremos cuántas casas han sido visitadas por la Parca, ni cuántas familias han debido guardar luto, sobre todo por imprudencias, y “mañas” injustificables al tomar el volante de un vehículo.
Recordemos que usted puede morir de un choque automovilístico con la misma “naturalidad” que si ha recibido un machetazo, un balazo o alguna otra muerte violenta.
Por ello, deben tomarse los recaudos necesarios para extremar las medidas de seguridad, ya que toda vida es valiosa y todos perdemos cuando ocurre una tragedia de este tipo.
Una licencia de conducir no es una “licencia para matar”, sino que es documento que le autoriza a usted manejar un vehículo como un medio de transporte y no como un arma.
Néstor Saviñón es abogado
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