Claudio Gómez es un eficiente productor de lechosas de la región sur del país. Puede decirse que él es un especialista en ese cultivo.
Con decirle que ya sus cosechas alcanzan cierta fama entre los vendedores de esa fruta en el Mercado Nuevo de la ciudad Capital.
La siembra de lechosas es una de las actividades más difíciles en el campo.
Los riesgos para su cultivo les colocan en el recuadro de “cuidados intensivos”.
Por eso no es fácil el cultivo de la lechosa. Ha de suponerse que una labor de ese tipo debe dejar además de buena fruta, buenas ganancias.
Pero no es así. Y aunque los consumidores de la ciudad deben pagar un precio muy caro por cada pedazo o unidad de lechosa, el productor casi siempre se conforma con la única satisfacción de cosechar hermosas y dulces frutas.
Las ganancias se quedan en la famosa cadena de la intermediación.
Una vez a Claudio un supermercado le compró diez mil libras de lechosa para una oferta semanal.
Como era “para oferta” se la pagaron a RD$2.50 la libra.
Realidad
Por una de esas coincidencias de la vida Claudio tuvo que viajar a la ciudad y pasar por ese supermercado.
Allí comprobó que sus 10,000 libras de lechosas estaban siendo ofertadas a RD$9.75 la libra.
Siete pesos con veinticinco centavos de diferencia. El problema de Claudio es el de la mayoría de los productores.
El proceso de intermediación crea una gran brecha entre el productor y el consumidor que debe ser superada.
En algunos países el Estado asiste al productor a través de subsidios, iniciativa que aquí parece impensable.
Pero algo deberá hacerse para que las sabrosas lechosas que produce Claudio en el sur lleguen a los consumidores capitaleños a mejor precio y él pueda recibir mayores beneficios por su interesante labor.
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