Roberto Salcedo lleva nueve años al frente del Ayuntamiento del Distrito Nacional (ADN), tiempo durante el cual ha manejado miles de millones de pesos de presupuestos y no ha logrado resolver un problema básico de la ciudad, la recogida de la basura.
Un paseo por algunas vías de la Capital nos muestra vertederos improvisados, que son más que una prueba de que el alcalde Salcedo y sus técnicos deben mejorar su eficiencia.
La afirmación anterior no es mía, la tomé de unas declaraciones de José Miguel Martínez, encargado de Aseo del cabildo, quien afirma que la institución es incapaz de controlar los desperdicios en la vía y que los cúmulos de basura se forman los domingos, cuando los camiones y obreros no operan.
Pero, ¿la gran cantidad de basura en la ciudad es exclusiva de los fines de semana?, No, de lunes a viernes es común ver las calles de las tres circunscripciones capitalinas deslucidas con montones de desperdicios.
Alegan que faltan disposiciones administrativas que sancionen al munícipe que lance desperdicios en la vía, pero nunca hemos visto interés del alcalde Salcedo por implementar campañas educativas que indiquen a la gente cómo manejar los desechos, o conversar con los vecinos en asambleas comunitarias sobre sus derechos y deberes.
Solo en este país una institución o funcionario que maneja importantes recursos públicos puede usar el argumento de que no puede resolver o proveer un servicio para el que fue electo sin que la ciudadanía ni las autoridades lo interpelen.
Y las cosas son más graves, de los nueve años que tiene Roberto Salcedo al frente del Ayuntamiento de la Capital no se conocen auditorías, como si la Cámara de Cuentas no tuviera interés en cumplir su rol.
Los regidores oficialistas y de la oposición, que son los representantes de los munícipes, se mantienen indiferentes a esta situación, cuando deberían exigir la provisión de servicios eficientes y velar porque los recursos se manejen con transparencia.
Pero parecen estar centrados en saber qué proyectos le aprobarán al alcalde para que les provea de otros beneficios, como ocurrió con la malograda ordenanza municipal que pretendía establecer arbitrios exagerados.
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