Doña Clara, una humilde mujer de Haina, le cocinó al doctor Balaguer por más de cuatro décadas, no solamente en la Máximo Gómez 25, sino también que iba en los viajes al interior con una caja de madera, que le hizo un artesano desde un principio allá en el patio de la casa.
En un pequeño supermercado que quedaba en la avenida Bolívar iba en los primeros tiempos Clarita, como le decía el doctor Balaguer, a comprar el arroz, el aceite y las habichuelas.
La carne iba a buscarla diariamente al Mercado Modelo, para lo que tomaba un carro del concho hasta que un día tuvo un accidente, y el doctor le asignó un vehículo. Ninguno de los carniceros supo nunca que doña Clara iba a comprar la carne del Presidente.
Para entonces los visitantes a la casa número 25 habían aumentado y hubo que comprar una estufa industrial y la comida comenzó a llegar por sacos. Allá en la cocina había un teléfono.
Sonaba para anunciarle desde el Palacio el día que el doctor no iba a comer a la casa y para los persistentes visitantes informarles que iban en camino, que les guardara la cantina con arroz, habichuelas y carnes.
Como el doctor Balaguer solamente comía la comida de Clarita y de un cocinero de Palacio, ella iba a los viajes, por lo que venía en un vehículo el día que el helicóptero del doctor Balaguer se precipitó por Villa Altagracia.
Ella lo vio llegar luego a la casa con las ropas raídas y ensangrentadas, pero el doctor sin detenerse se bañó, se cambió y partió hacia el Palacio, ya que uno de los acompañantes del viaje lo había dado por muerto en la altura del poder.
Doña Clara, cuya historia junto al doctor Balaguer será objeto de un libro de quien escribe, le llevaba la comida al presidente fuera del poder cuando se encontraba en la Nunciatura. Quien subió las paredes que separan la Nunciatura de la casa de la Máximo Gómez no fue el doctor Balaguer, sino doña Clara, que tenía que cruzar, usando una escalera, dos veces al día, para llevarle los alimentos.
Nos contó que cuando el doctor Balaguer se asiló en la Nunciatura, su chofer, Saturnino, lo montó en el carro y dieron la vuelta hacia la sede de la Iglesia católica después de ser despedidos por sus hermanas.
Doña Clara acompañó al doctor Balaguer hacia el exilio en Nueva York y continuó con él durante los doce años y hasta su muerte, y vive en la casa que le asignó el Presidente con la misma discreción que vivió al lado de un hombre de poder.
Doña Clara sirvió de intermediaria para que muchos lograran nombramientos y cargos electivos, hasta el punto que una vez el doctor Balaguer le observó que ella se había metido al protocolo.
Rafael Grullón es periodista
| < Anterior | Siguiente > |
|---|

Comentarios (0)