Como dominicana, comprendo al Consejo Nacional de la Empresa Privada, CONEP, y a la Federación de Asociaciones Industriales, FAI, al considerar como “intolerante y denigrante” la reacción de sus colegas hondureños ante la propuesta del presidente Leonel Fernández, de suspender ese país del Tratado de Libre Comercio DR CAFTA.
“No aceptamos los epítetos lanzados contra nuestro Presidente ni los términos despectivos ante una propuesta que sólo busca el restablecimiento del orden constitucional en Honduras”.
“La reacción, nos luce desproporcionada, fruto de la delicada situación que viven”, dijeron entre otras cosas.
Empresarios hondureños, creen que la propuesta obedece a una política oportunista para que sus inversiones se vayan a RD. A mi juicio, las reacciones de los empresarios de ambas naciones son comprensibles.
Me imagino los de Honduras reunidos, analizando la crisis que sacude su nación, causas, hechos, consecuencias, cómo volver a la normalidad y cómo lograr que en medio de ella sobreviva su sector industrial, agropecuario, el comercio, que no se hunda su economía.
En ese momento de serias reflexiones, visualizo que alguien llega gritando ¡salgan corriendo a defenderse que están proponiendo paralizarle sus negocios e inversiones, como una forma de resolver la crisis! Me parece oír que preguntan en alta voz, con agrios calificativos, ¿quién hace esa propuesta? El Presidente de la República Dominicana.
Probablemente, en ese momento, fuera de sí, ante la sola idea de que algo tan grave le suceda, llueven los epítetos con ánimo de descalificarlo y humillarlo.
No los justifico, me han dolido. Fue al Presidente de mi país, pero..¡caramba! Cuando supe de la propuesta, me puse la mano en la frente y dije: ¡Ay, no, ay no! Fue desacertada.
Es no pensar en el pueblo. Aplicarla, traerá desempleos, menos producción, etc. a esa empobrecida nación. Es un atentado a su comida.
Lo peor que le puede pasar es tener crisis política y el derrumbe económico. Soy un ama de casa que defiende contra viento y marea, la comida y el bienestar de sus hijos.
Creo que los gobiernos, cual padres, deben actuar igual con la población. No concibo que propongan acciones que la lastimen o la pongan a pasar calamidades. Su misión debe ser cuidarla para evitar que añoren tener otro tipo de progenitor o busquen un padrastro.
Por otro lado, tengo entendido que el DR-CAFTA es una estructura productiva, que propicia el flujo de inversiones entre las naciones que lo integran. Tiene una dinámica que facilita los intercambios, el progreso.
Venecia Joaquín es comunicadora
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