Parece que ya nunca más volveremos a ser idealistas, nos hemos caído sin tropezar. El futuro se asoma abrazado a un rencor. No basta que haya indignados acampados en la plaza de Sol madrileña; ellos solo están indignados porque ya no les resuelven sus naderías de primer mundo tan fácilmente como antes.
Es sólo eso, que se les acaba el estado de bienestar capitalista.
Dice Hessel, el ideólogo de los indignados, que " es verdad que las razones para estar indignados pueden verse hoy menos claramente relacionadas o el mundo se ha vuelto demasiado complejo. ¿Quién está haciendo el ordenamiento, quién lo decide?” Pues le respondo que lo decidimos nosotros, que siempre hemos sido nosotros quienes decidimos.
La fácil argumentación sartriana de que el infierno y la culpa es de los otros no es ya válida, porque sabemos que los otros están tan jodidos como uno, que no basta ser el director del Fondo Monetario Internacional o tener la corporación Enron o ser Madoff para ver que somos nosotros y nuestro tiempo los culpables.
Viendo y oyendo en este lluvioso domingo de junio a los indignados que acampan en Madrid, se da uno cuenta de que el efecto mediático es lo único que se busca, porque detrás no hay nada.
Es el querer la fama, el dinero y el amor por un golpe de cámara o de un clic cibernético. Las demandas suenan a estribillos o eslóganes manidos, vacíos de concepto y acción, sólo eso: la frase que llame la atención del camarógrafo o del periodista. De sus conocidos, los acampados e indignados de Madrid, obtienen toda la amistad que necesitan y aunque muchos vivan solos frente a una pantalla de computadora o de teléfono inteligente, son personas que no pueden ser descritas como solitarios, pues la soledad implica el conocimiento de que una persona está sola y su deseo de no estarlo.
Esos millones de seres unidos exigiendo por mensajes electrónicos que otro mundo es posible, no es más que una frase tan hueca como carente de valor personal de quien la pronuncia.
Otro mundo es posible cuando se entienda que ese mundo es el tuyo interno, ese mundo que tienes que conquistar a fuerza de confianza en ti mismo, en saber y tener el coraje de decir sí y no cuando es preciso, de romper lazos que atan mediante el chantaje emocional o económico.
Otro mundo es posible cuando te lanzas a trabajar, a ensuciarte las manos y el alma haciendo cosas, trabajo, ideas realizables, no a hacer acampadas de hippies trasnochados como están haciendo los de la plaza de Sol en Madrid. Otro Mundo es posible cuando lo hagas posible tú mismo.
Fernando Casanova es abogado
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