La población ha confundido el sentido del humor, algo indispensable para la convivencia social, con la bestialidad y la falta de educación.
Salvo algunos casos excepcionales, se ha perdido el talento para hacer un chiste sin recurrir a lo soez, a lo morboso y a lo abyecto, y mientras más se usen estas herramientas deleznables para construir ésa fétida mezcla que se ha denominado en los últimos años humor.
El buen sentido del humor requiere de un nivel educativo y una sensibilidad mínimas, que hagan posible la distinción entre el buen gusto y lo pésimo. Otros conceptos que se confunden en el colectivo son el cinismo y el sarcasmo.
Para muchas personas ambos conceptos son indistinguibles, siendo esto absolutamente falso, ya que poseen distinta naturaleza.
El sarcasmo es humor morboso, negro, amargado, pero con lucidez e ingenio. Es pesado, pero ágil a la vez.
El cínico, por el contrario, es un humor punzante, muy lúcido y que busca perseguir la hilaridad, ya que se entiende que dado que la vida es en sí amarga y biliosa, razón por la que no deberíamos complicarnos la existencia.
El sarcasmo requiere de ingenio, porque si carece del mismo cae en la mala educación.
El cinismo es, por el contrario, un despliegue pirotécnico de ingenio. El sarcasmo puede ser cruel y muchas veces deja heridas que duran años en sanar.
El cinismo requiere de diplomacia, es saber decir verdades sin ser soez y sin ofender, y ahí el numen creativo del ingenio conspira creando lo mejor del género cómico.
Un gran cultor de esas artes elevadas fue Churchill, quien se cebó con Lady Astor, y esta, a su vez, le devolvía las atenciones.
Eran fascinantes duelos de pugilística intelectual de dos pesos completos, cimentados en una estricta educación de ambos y un respeto subyacente ante el talento que ambos tenían para el retrueque y el inmediatismo.
Son famosas las quejas punzantes de Lady Astor al Primer Ministro enrostrándole que era un beodo y este sin inmutarse le decía que era cierto y se le iría la resaca al día siguiente, pero su fealdad era eterna.
El sarcasmo y el cinismo son armas intelectuales. Pero el sarcasmo posee la dificultad de que si no se dosifica, puede destruir vidas.
Hay políticos que, por mala asesoría o mala cabeza, han mal usado el sarcasmo y esto ha significado el fin de su carrera política.
Lo ideal es tener un sentido del humor que sea como los arroyuelos de la montaña: límpidos, rápidos, refrescantes, pero tienen un gran encanto las rías oscuras, por que bajo esa oscuridad aparente existe multiplicado el ingenio de la creación y de la vida.
Nestor Saviñón es abogado
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