Asumir riesgo es el negocio de los aseguradores. Pero ese riesgo no es un riesgo sin calcular. Es la posibilidad de que suceda una catástrofe que está fríamente calculada. Por eso las compañías de seguros son un gran negocio para sus accionistas y para la sociedad entera.
Los cálculos actuariales, la administración de riesgos y de los costos operacionales son las herramientas básicas que tienen las aseguradoras y reaseguradoras para sus cálculos de primas y de costos. Con ellas pueden ofrecer al mercado un producto que proteja ante el imprevisto de siniestros y catástrofes naturales.
Ese producto, la póliza de seguros, sirve para que la industria, el comercio y los particulares puedan tener certidumbre en sus actividades, con ello ganamos todos pues se puede trabajar, crear empleo, invertir y vivir con cierta tranquilidad de espíritu.
Regular y supervisar son las actividades de la Superintendencia de Seguros, que para hacer su trabajo tiene una herramienta básica que es el análisis de la solvencia de las entidades aseguradoras y reaseguradoras.
Ahí es donde radica su importancia, en exigir que las aseguradoras y reaseguradoras sean solventes dentro de un mercado de libre competencia, en un mercado que mejore en calidad y capacidad, y en mejores precios para el usuario o consumidor, para que los productos finales, que llevan cargadas las primas de seguros, sean asequibles, sean de calidad y sean competitivos.
El abusivo disparate que el superintendente de Seguros quiere imponer a la industria, el comercio, la banca y los particulares con la resolución 01-2011 es todo lo contrario a lo dicho anteriormente. Esa resolución es no saber cuál es la misión de la Superintendencia de Seguros, y es, además, una prueba de que en el mercado de seguros dominicano existe un cártel que no quiere permitir la libre competencia y la eficiencia en la administración de los negocios.
Una tarifa mínima obligatoria en los riesgos catastróficos, que es lo que quieren los que controlan la Cámara de aseguradores dominicana y que han ordenado publicar al superintendente de Seguros, el inefable Euclides Gutiérrez, no es más que una manifestación de incapacidad, abuso de posición dominante y de irrespeto al consumidor. Sólo con el análisis de la solvencia, mediante pruebas de esfuerzos o de “rought set”, se puede decir si un asegurador o reasegurador puede cumplir o no con sus compromisos.
Un superintendente, que ni siquiera paga la luz que consume, y que no tiene dedicación profesional a su trabajo, pues aparte de escándalo tras escándalo, lo único que ha producido es esa infeliz resolución, no puede hacerse el intransigente, debe escuchar a todas las partes a
las que se debe.
Fernando Casanova y Llaca, es abogado
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