Discreto, comedido; en ocasiones prácticamente desapercibido, no así su acción social a favor de los pobres, es el proceder de Emigdio Sosa, director del Plan de Asistencia Social de la Presidencia de la República.
En tres ocasiones le ha tocado dirigir esta importante dependencia, brazo asistencial del presidente Leonel Fernández Reyna.
La puesta en sus manos de esta responsabilidad no es fortuita; obedece a sus reconocidos méritos gerenciales, de calificado profesional de la sicología con estudios en manejo de crisis realizados en Costa Rica.
De su integridad ofrece testimonio el que ni un solo escándalo se ha producido durante su gestión en un organismo que, por lo estratégico de sus funciones, maneja de manera periódica cuantiosos recursos económicos.
Millares de dominicanos, en medio de la desesperanza que comúnmente abate a las clases necesitadas, han recibido a tiempo y con responsabilidad la solidaridad del Plan Social de la Presidencia.
Muchos dirán que todos pagamos nuestros impuestos y que por lo tanto no le deben nada a nadie. ¿Pero quién no agradece, en una hora trágica, con un hijo, un hermano, un pariente o un amigo padeciendo de una enfermedad catastrófica, que le tiendan una mano amiga?
El corazón más duro rebosa de gozo al contemplar el semblante de luminosa felicidad de quienes, inesperadamente, reciben bolsos de alimentos, enseres del hogar o la rehabilitación de su vivienda en momentos de carencias o desastres.
En un país donde todo se quiere medir con el rasero de la política esto reviste mayor trascendencia e importancia porque para ser asistido o favorecido con los servicios del Plan Social las banderías políticas se echan a un lado.
Es así que ni uno sólo de nuestros gladiadores políticos locales, en ocasión ninguna ha denunciado o puesto en entredicho la labor reivindicativa de esta dependencia a favor de los desposeídos.
Es por ello que los encargados de este organismo deben tomar como un reconocimiento a su trabajo el que durante tres periodos de gobierno la imagen del Plan Social permanezca incólume y a salvo de las querellas cotidianas de nuestro agitado ambiente ciudadano.
Sin la eficiencia de un organismo como este, sin pecar de exagerados, nos atreveríamos a afirmar que al Gobierno le hubiese sido bastante cuesta arriba haber desarrollado el papel protagónico en la reciente crisis provocada por el terremoto en el vecino Haití.
Y detrás de estas iniciativas solidarias Emigdio Sosa ha jugado un rol esencial. Con razón lo definen como el “rostro humano” del Gobierno.
Manuel Nova es periodista
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