A los pueblos de los países pobres les va tan mal con los servicios médicos que han preferido negar la autenticidad de las enfermedades.
Han sugerido la posibilidad de que los enfermos no están tan enfermos en realidad, sino que tienen algún conjuro y que es mejor buscarle solución donde un brujo que les prepare algunas "botellas milagrosas".
El tema de la seguridad social no sólo es problema de países pobres, pues podemos recordar el fiasco que resultó el experimento de Bill Clinton en USA en 1993, que encargó la reforma de la seguridad social a su esposa Hillary, y algún tiempo después hubo que relevarla, ante la realidad de que se encaminaba al fracaso, y ahora, en el 2011, Obama vuelve a la carga con la universalidad del cuidado médico.
La Ley 87-01 sobre el sistema dominicano de la seguridad social fue promulgada en el 2001 por el entonces presidente Hipólito Mejía. Fruto de un consenso para dotar al país de un instrumento que regulara y desarrollara los derechos y deberes recíprocos del Estado y de los ciudadanos en la protección de la población contra los riesgos de enfermedad, discapacidad, vejez, maternidad e infancia, sobrevivencia, cesantía por edad avanzada y riesgos laborales.
Su alcance se divide en dos grandes renglones: Los de riesgo de salud, administrando los servicios de salud frente a los asegurados por las ARS (Administradoras de Riesgos de Salud); y los riesgos de pensiones que son administrados por las AFP (Administradoras de Fondos de Pensiones).
Existe también un Consejo Nacional para la Seguridad Social que es el organismo que debe controlar todo el sistema nacional de seguridad social.
Ya han pasado 10 años y quienes están al frente de los organismos que deben hacer funcionar la seguridad social han convertido una buena idea en un atolladero. Por un lado están las AFP que han recaudado miles de millones. Todo ese dinero, perteneciente a los empleados, está siendo administrado por las AFP en inversiones contempladas en el artículo 95 de la ley y supervisadas por la Superintendencia de Pensiones.
Esta parte del sistema de la seguridad social había estado funcionando perfectamente, pues hasta ahora su principal actividad es captar el dinero de los afiliados e invertirlo, aquí es donde está el dinero: pero ya el Gobierno decidió meterle mano al ahorro de los empleados, para ello creó la arquitectura inmobiliaria que desangrará el sistema, en ninguna actividad es tan fácil desaparecer dinero como en la construcción inmobiliaria, sino sólo hay que recordar el robo inmobiliario a nivel mundial que desestabilizó todo el sistema financiero. A rezar para que no se lo lleven todo de aquí a agosto del 2012.
Fernando Casanova y Llaca, es abogado
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