Desde el asesinato de Trujillo, surgieron en nuestra órbita política partidos o núcleos políticos que siempre han velado más por sus intereses que por los del país.
Estos partidos políticos han gobernado distintos momentos de nuestra historia, con ligero éxito en algunos campos, pero plagado de fracasos, la mayoría de ellos.
Existen tres partidos mayoritarios siempre listos a gobernar, repletos de hombres y mujeres no muy bien preparados.
Y digo casi tres, porque el Partido Reformista Social Cristiano tiene años desmembrado, aunque actualmente la dirigencia reformista ha elegido a Carlos Morales Troncoso como su presidente con fines de unificar sus fuerzas.
Pura quimera. Sin embargo, el Partido de la Liberación Dominicana y el Partido Revolucionario Dominicano desde hace años son quienes se disputan la bandeja del poder, uniéndose a ellos alguna fracción del partido reformista, dependiendo de la conveniencia.
La política nacional gira alrededor de estos partidos, desgastados y corrompidos.
La esencia y la base de la formación y el origen por los que fueron fundados estos partidos han ido variando con el devenir de la vida, ya los intereses no son los mismos, y se lucha más que nada por permanecer en el poder, o simplemente coger cada cuatro años una buena tajada del pastel gubernamental.
Hombres y mujeres no siempre llegados a estos partidos con buenas intenciones han poblado de una manera salvaje y con descrédito sus bases.
Arribando descalzos y con los talones pelados y saliendo por la otra puerta subidos en el tren gubernamental sin nada que ofrecer a la sociedad.
Los que dirigen estos partidos son linces políticos, gacelas del arte de hacer lo no gratificante en gratificante. Traficantes del buen hacer político y negociadores de poca monta.
Sus seguidores en digna copia de sus acciones son tan o peor que sus dirigentes. Cada cuatro años se arreglan entre ellos.
Venden a los medios de comunicación distintas formas de ver y resolver los problemas de la nación, pero después se sientan juntos en la mesa de cualquier restaurante para decidir a quién darle más del pastel o menos.
Y ni hablar de las partidas millonarias que reparte de una manera alegre y escandalosa la JCE a estos partidos. Millones de pesos que van a parar a esas arcas atiborradas de tanto robo y abuso al pueblo dominicano.
Es urgente, la renovación dirigencial de estos partidos y el surgimiento de nuevos líderes y fuerzas de poder.
Dunia De Windt es periodista
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