La presidencia de la Fundación Institucionalidad y Justicia, para el período 2011-2013, no podía recaer en mejores manos que las de Rafael del Toro Gómez. Una de las grandes fortalezas de la Finjus, fue que nació de la conjunción de los esfuerzos de abogados y empresarios, de una doble visión del mundo jurídico y económico, anclada en la idea central de que “sin justicia no hay desarrollo”.
Del Toro es uno de los fundadores de la Finjus, y desde el primer momento, personalmente y desde su posición en el Grupo Popular, se convirtió en un aliado estratégico esencial para la fundación.
Durante mis seis años como primer director ejecutivo de Finjus, puedo dar testimonio de la fe, la entrega y el compromiso de quien cariñosamente llamamos Rachy.
Miembro de todos los consejos de directores que ha tenido la institución, Del Toro ha sabido decir presente en los momentos de dificultades y dar la cara cuando ha hecho falta o cuando se ha avizorado alguna abortada crisis de identidad.
Del Toro ha sido un referente institucional para que la Finjus no se aparte de sus valores, y del rol estelar que ha venido realizando en la sociedad dominicana durante veinte años.
Del Toro es un brillante economista, realista, con gran capacidad de análisis y trabajo, sereno y reflexivo, estudioso y observador, y ferviente cultivador del diálogo. Esas cualidades serán puestas a prueba en un mandato que coincide con el despegue de la segunda ola de reforma del Poder judicial.
La Constitución del 26 de enero de 2010, tiene las herramientas necesarias para reiniciar la marcha ascendente de la administración de justicia. El proceso de reforma iniciado en 1997 se estancó con el paso de los años. Ahora se abren nuevas etapas de un movimiento permanente que consiste en fortalecer la independencia del Poder Judicial.
La creación del Consejo del Poder Judicial, la renovación de la Suprema Corte de Justicia, la creación de los Tribunales Superior Electoral y Constitucional constituyen acontecimientos de singular relevancia para el presente y el futuro de la nación dominicana. El inspirador discurso del presidente en la juramentación de un excelente Consejo de Directores, deber ser motivo de reflexión para todos.
Del Toro no anda con rodeos al señalar: “En el ánimo general sigue predominando la idea de que el país no podrá avanzar en la línea correcta si no se enfrentan algunos temas centrales, como son la cultura de la impunidad, la racionalización del gasto y el impulso de un Estado eficiente, profesional, basado en las reglas de la democracia, donde la separación de poderes sea efectiva y exista un sistema de consecuencias moderno que esté por encima de los tradicionales mecanismos que atan de manos a la justicia”.
Más aún, se hace eco del sentimiento de la mayoría silente en el sentido de que “…la credibilidad social en las instituciones y la restauración de la confianza es vital para que el crecimiento económico, la estabilidad política y el desarrollo social se conjuguen para producir una dinámica social integral”.
La Finjus tiene tareas urgentes, para Del Toro: impulsar la discusión y el consenso social sobre la reforma constitucional; investigar sobre desarrollo institucional; sistema de justicia y relaciones Estado y sociedad; apoyo a la Iniciativa Participativa Anticorrupción; agenda de cambios institucionales y mejoramiento de la seguridad ciudadana.
Otro tema abordado por Del Toro es que: “El país requiere, hoy más que nunca, de una revolución ética. Todas las instituciones y poderes públicos están convocados a poner en práctica los lineamientos y mandatos de la Constitución y las leyes, reglamentos y ordenanzas que remiten su función y responsabilidad a facilitar el desarrollo humano y social en este país, por encima de intereses particulares o apetencias políticas”.
Su voz adquirió mayor vigor al afirmar: “Esta es una labor que debe incluir la recuperación de los valores cívicos, que han sido relegados en muchos ámbitos y especialmente del plano educativo, donde deberían reinar.
Existe cada vez más evidencia de que el desinterés por la vigencia de estos valores en las actividades cotidianas, ha contribuido al auge de conductas antisociales, la apatía ante el desorden, la corrupción y el predominio de la cultura nociva del ‘dejar hacer, dejar pasar’”.
La principal conclusión rebosa de elocuencia: “Sólo en el marco del imperio de la ley, la rendición de cuentas en todos los niveles del Estado y la sociedad, la seguridad jurídica y la efectividad de un sistema de justicia independiente e imparcial, nuestras deficiencias pueden superarse. Finjus les reitera su compromiso de aportar en esta dirección, apoyando a vencer todo tipo de conformismo, temor o actitudes paralizantes”.
El objetivo está claro, la voluntad existe, y el pueblo dominicano lo reclama. ¡Adelante, Finjus!
El autior es abogado constitucionalista
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