Danilo Medina fue director de la última campaña de un hombre como Juan Bosch, manso y cherchero entre sus contertulios, pero recio e implacable exigiendo el orden y la disciplina, lo que enseñó al ahora virtual candidato a la presidencia del PLD a movilizar a las masas dentro de un orden.
Danilo en aquella campaña de Bosch no solamente estaba atento a las ordenadas sillas que una detrás de otra había que poner en los actos de Bosch, sino también que se aseguraba de si iba a narrarse y a enviarse la noticia.
Eso explica que un día, estando en la casa de un amigo de Bosch, frente al Morro de Montecristi, echara un pleito con Euclides Gutiérrez para que nos dejara el espacio en la mesa para poner la vieja maquina de escribir Olivetti en la que escribíamos las notas de prensa de lo que decía en campaña el maestro, guía y candidato.
Aquello fue en el Norte, pero ahora, el fin de semana pasado, nos encontramos con Danilo en la tierra de Vicente Noble, cuna de la última emperatriz, la madre de Aristófanes Urbáez y Ramón Urbáez, adonde acudimos a verlo ya no como director de campaña, sino como el candidato de la herencia de Bosch.
Los discursos de Danilo que escuchamos allá en el Sur no solamente tienen en común su pasión por vencer los obstáculos de los dominicanos para saltar el círculo de la pobreza, sino también el cuento del camello. Había un hombre, cuenta Danilo, que tenía un camello que sabía hacer de todo. Era una especie de hombre equipo.
Este animal que nos resulta místico, pero que es algo común en Oriente, cocinaba, planchaba, limpiaba la casa, atendía el teléfono y cuidaba de los intrusos. Fueron los atributos descritos por el dueño para vendérselo a otro hombre que necesitaba todos esos servicios, pero no quería pagar los costos y en el camello veía la oportunidad de ahorrarse el gran gasto, por lo que accedió a la oferta.
El hombre compró el camello y lo introdujo a la casa, lo que fue lo mismo que meter un elefante en una casa de cristal. El camello lo destruyó todo, porque en realidad no sabía hacer de nada. Cuando el comprador fue con el vendedor, arrepentido del negocio que había hecho, le describió todos los destrozos que había protagonizado el camello.
El vendedor le preguntó “quiere usted volver a vender el camello”.
El comprador le contestó que sí. Entonces le dijo: “No lo desacredite.”Al narrarle el cuento, Danilo ha construido una metáfora para explicarles en cada pueblo a sus seguidores que no pueden lanzar críticas contra el Gobierno ni su partido, porque lo desacreditarían como el camello, en el cual se encuentra montado recorriendo la ruta hacia al Palacio Nacional.
Rafael Grullón es periodista
Esta dirección electrónica esta protegida contra spambots. Es necesario activar Javascript para visualizarla
Comentarios (0)