Hablar de competitividad está de moda. El concepto sin dudas se utiliza muy fluidamente dentro del vocabulario coloquial, sin pensarse con profundidad y seriedad en las implicaciones reales que tiene el mismo.
Competitividad es un concepto definido por distintos autores como “la capacidad de ocupar y liderar posiciones dinámicas del mercado en proporciones cada vez mayores”.
“Capacidad de diferenciarse de los competidores por la eficiencia y la productividad del sistema propio”, de mantener ventajas comparativas en los mercados globales”… En fin, ser competitivo es contar con un sistema productivo, basado en capital humano eficiente y efectivo, que permite alcanzar niveles superiores de bienestar social y económico, en un marco predeterminado.
Más que una característica, debemos entender la competitividad como la actitud de cada individuo y de la población, que define su visión de futuro del país y determina su desempeño en distintas áreas.
Solemos pecar de utilizar y entender la competitividad únicamente en los medios empresariales y productivos, relacionando el tema a cuestiones medias abstractas como “economías de escala”, “productividad”, “ventajas comparativas”… Sin embargo, debemos considerar que ser competitivo a nivel país trasciende la mera forma de plantear y desarrollar iniciativas de negocios o inversiones, y está estrechamente relacionado con la actitud de cada agente en la economía, tanto a nivel individual como institucional.
Un país no es competitivo si sus instituciones (públicas o privadas) son débiles, ineficientes, ineficaces, impuntuales, y bajo marcos regulatorios obsoletos y no adaptados a las necesidades actuales del mundo globalizado.
Una institución o empresa tampoco será competitiva si sus empleados a todos los niveles no se apropian de la visión y la misión de la entidad, entendiendo la importancia del desempeño individual para la productividad y la competitividad global de la misma.
Ser competitivo empieza con tener una actitud competitiva. Y esta actitud hay que cultivarla, hacerla parte de la cultura.
Asumir una visión de futuro, ampliar los horizontes, ir más allá de lo requerido, ser eficientes, puntuales, optimistas, son elementos cruciales para ser competitivos. Ser un país competitivo empieza con tener una sociedad competitiva.
Hay que tener presente que la competitividad no es cuestión exclusiva de la voluntad política del Gobierno o la voluntad estratégica de los empresarios del sector privado. Es también una responsabilidad de todos los ciudadanos.
María Abreu Malla es subdirectora técnica del CNC
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