Algo está pasando en los Estados Unidos de América. La elección de Barack Obama como presidente es solo parte de un conjunto de hechos que se han estado dando en ese país, que pronostican cambios a gran escala de lo que hemos entendido como “made in USA”. Lo de que Barack Obama sea presidente en un país que tenía más o menos claro el perfil de sus jefes, ya sean de gobierno o de corporaciones, es raro.
Que un negro, proveniente de un grupo familiar “disfuncional”, como dicen ahora, y con una religión indefinida, ya que hay dudas de si es musulmán, anglicano, católico o ateo, va unido a lo de Bernard Madoff, blanco, anglicano, banquero de celebridades americanas e internacionales, con un perfil de genio de las finanzas y pater familia ejemplar, pero que resultó ser un delincuente, lo que hace que nos preguntemos si es que las reglas del juego han cambiado.
Un estudio de Charles Murray sobre las clases sociales en USA trae el tema de qué divide las naciones. Las respuestas típicas son: El poder, el dinero, las religiones, la educación y las luchas de clases sociales.
Casi todas se podrían resumir en una sola: La lucha por el poder político, y con ello el control de todos y todo. Lo particular de Estados Unidos, según Murray, no es sólo cómo se formó y que fue el país que hizo la primera Constitución; son virtudes, que él califica de “fundadoras”: la laboriosidad, la honestidad, el matrimonio y la religión. Pero todas esas virtudes y todo ese laborantismo en pro de las libertades individuales y ayudas a la investigación en bien de todos parece que están comenzando a ser opacadas por una especie de “lucha de clases sociales”.
Parece que en Estados Unidos ya cohabitan nuevas clases baja y media-alta, cada vez más alejadas entre ellas, y que esa tendencia se incrementa con la recomposición del poder político dentro de los partidos.
Bill Clinton y Barack Obama son pruebas de que hijos de hogares no tradicionales pueden escalar el tope social a través de la política populista.
No es la raza lo que está dividiendo ese país y amenaza con hundirlo, sino las luchas de clases sociales representadas en grupos políticos de nuevo pelambre. La prueba de la división de este tipo, más reciente y obvia, fue el impasse surgido con las votaciones entre George Bush II y Al Gore; eran dos bandos cerrados.
Esa crispación política permeó, para mal, la unidad de la familia americana. Los hechos demuestran que USA es el gran país de nuestros tiempos. Ojalá dure hasta nuestros nietos.
Fernando Casanova y Llaca es abogado
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