Eligio Jáquez anda por ahí de vuelta y media por concertar un encuentro cara a cara entre Miguel Vargas Maldonado y el ex presidente Hipólito Mejía, convencido de que no son mayores sus disidencias.
El ex secretario de Agricultura ya ha tocado varias puertas -no en ruegos, me aclara un amigo- para que “Papá” y “El Emvipí” se reúnan, planteando la necesidad de esta junta como catapulta para que crezca entre los perredeístas la esperanza de que podría cumplirse la consigna aquella: ¡El PRD unido, jamás será vencido!. Eligio es de los que creen que Hipólito y Miguel zanjarían cualquier diferencia bajo la sombra de un mangú con embutidos y/o huevos fritos, lo que es del agrado de ambos, máxime si terminan bebiendo un mori-soñando.
Que se decida
Samuel Adames, autodefinido reformista, me escribe asegurando que “muchos reformistas, entre ellos algunos con cierta ‘jerarquía’ si el PRSC fuera funcional, están deseosos de apoyar a Carlos Morales Troncoso, pero no encuentran la vía”.
A don Carlos se le considera figura clave en el PRSC y algunos lo ponderan como ente para recuperar la nave que luce a la deriva tras la muerte del presidente Joaquín Balaguer.
“Hay quienes han tratado por todos los medios, sin éxito, de llegarle al actual canciller, quien a pesar del apoyo adelantado por figuras de prestigio en el partido mantiene un silencio que algunos ven inexplicable”, me señala Adames.
Y es cierto; a tal grado, que hay quienes se preguntan qué procura con esa actitud. “Morales tiene que decidirse, porque no son los mismos tiempos de cuando el dedo mágico de Balaguer.
Ahora, indudablemente, hay que mojarse aquello para conquistar al electorado, mucho más con un liderazgo tan sólido como el de Leonel Fernández y el repunte que, sin dudas, está logrando Miguel Vargas Maldonado”, reflexiona mi lector.
Si Morales quiere, este sería su tiempo en el PRSC, pero como diría Sorongo: hay que ir a los barrios, darse una vuelta por los callejones y de vez en cuando beberse un café con las bases aunque se corra el riesgo de pescar una ameba, para lo que, desde luego, están los médicos.
Don Carlos debe decidirse, prestando atención a los reformistas que se le quieren acercar.
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